Representantes del Foro acompañados por el ex alcalde de Nueva York, Giuliani, tercero por la izquierda, aplauden ayer durante la tradicional apertura de la Bolsa neoyorkina. Reuters

El Foro de Davos, símbolo del capitalismo, abre sus sesiones en el corazón de Manhattan

Nada más paradójico y más en contradicción con el espíritu de la globalización que el aspecto que presentaba ayer el lujoso hotel Waldorf Astoria en pleno Park Avenue neoyorquino, la calle de las grandes fortunas de la Tierra, donde ayer se inauguró la 31 edición del Foro Económico Mundial, trasladado desde las montañas suizas de la ciudad de Davos a Manhattan.

NUEVA YORK. Alfonso Armada, corresponsal
Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Un hotel completamente rodeado por escuadras de policías con metralletas semiautomáticas, cascos y material antidisturbios, barricadas, perros, visible provisión de esposas de plástico y una insidiosa y fría llovizna que hizo más invisibles a los escasos manifestantes que ayer se atrevieron a desafiar a la mayor operación organizada en la ciudad de los rascacielos tras el 11 de septiembre.

Tan sólo algunos pacíficos miembros de la secta espiritualista china de Falun Gong, ataviados con buzos amarillos, y de los Amigos de la Tierra, se hicieron ver en son de paz ayer a dos manzanas de los salones del Waldorf Astoria, estrechamente vigilados por tantos y tantos policías que deambular ayer por el centro de Manhattan bajo la lluvia era como atravesar un Estado policial en maniobras.

BUSH, ILUSTRE AUSENTE

Mientras escuadrones de agentes con porras de madera y de goma se entrenaban en la acometida y fractura de hordas de manifestantes en la despavorida plaza de Dag Hammarskjold, a orillas de las Naciones Unidas y junto a una interminable batería de furgonetas, toda la gigantesca manzana que ocupa el Waldorf, entre las avenidas de Lexinton y Park y entre las calles 59 y 50, ofrecía un inquietante aspecto de fortaleza sitiada.

Con los centenares de periodistas que cubren la cumbre acuartelados en el vecino hotel Intercontinental, imposibilitados en su mayor parte de ver en vivo y en directo y mucho menos de abordar o tocar a «figuras» como el rey Abdulá de Jordania; el ex alcalde neoyorquino, Rudolph Giuliani; el gobernador del Estado, George Pataki; el secretario general de la ONU, Kofi Annan; el artífice y presidente de Amazon, Jeff Bezos; el teórico social y promotor de la tesis del «choque de civilizaciones», Samuel P. Huntington, o el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de Senado y senador por Delaware, Joseph R. Biden Jr., algunas de los nombres con brillo que ayer empezaron a desvelar su grandes o pequeñas ideas para un mundo desordenador y perplejo.

Apenas un puñado entre los cerca de 3.000 participantes, entre oligarcas, patricios, primeros ministros, reyes, patriarcas, cantantes, activistas, cerebros y periodistas, convocados bajo el epígrafe «Liderazgo en tiempos volátiles: una visión para un mundo compartido».

Entre los invitados no figura el líder de la primera y única superpotencia, George W. Bush, que el martes pasado pronunció su discurso ante el Estado de la Unión (léase Estados Unidos), que fue mucho más atendido y escuchado que las decenas de discursos y mesas redondas que desde la mañana a la noche, y hasta el próximo lunes, inundarán de palabras los salones del Waldorf, y que tendrán su corolario en la miríada de fiestas y eventos diversos que se celebrarán en Nueva York estos días en que el invierno parece haber recuperado el tino y ha vuelto a sembrar de lluvia, niebla y frío los grandes desfiladeros también llamadas avenidas.

DESPLIEGUE SIN PRECEDENTES

Mientras tiradores de precisión vigilaban las azoteas del Waldorf y en túneles y puentes de acceso a la Manhattan se volvían a experimentar agónicos atascos, agravados hasta lo incedible por los formidables cortes practicados en torno a la sede del foro, el despliegue policial llegaba hasta rincones insólitos, como la puerta de los retretes de algunos establecimientos de la cadena Starbucks, junto a McDonalds y Gap, algunos de los que en anteriores ediciones de cumbres económicas mundiales y del G-8, como Seatle o Génova, sufrieron la ira de amotinados contra la globalización.

Al menos cinco personas fueron detenidas ayer en la parte baja de Manhattan después de haberse atrevido a subirse al tejado de un edificio y desplegar una pancarta acusando al presidente George W. Bush y las grandes corporaciones de estar de acuerdo en «dejar morir a los enfermos de SIDA».

La preocupación por una irrupción masiva de manifestantes antiglobalización en las calles de Manhattan y el temor a nuevos atentados terroristas ha llevado a tal despliegue policial en la ciudad que los beneficios que el traslado de la cumbre desde el remoto y elegante enclave suizo de Davos a Nueva York puede quedarse en agua de borrajas, y lo servido por lo comido.