Militante del FMLN en un acto del partido salvadoreño
Militante del FMLN en un acto del partido salvadoreño - AFP
CLAVES DE LATINOAMÉRICA

Por qué el FMLN no ha logrado imponer el chavismo en El Salvador

Los fondos recibidos de Venezuela no han bastado al Frente para lograr el domino de las instituciones salvadoreñas

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Mientras su vecina Nicaragua y su 'benefactora' Venezuela han colapsado, El Salvador mantiene una razonable salud institucional que el gobernante Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) no ha conseguido doblegar. El castigo electoral que el FMLN sufrió en las legislativas y locales del pasado marzo, la mayor derrota en su historia democrática, ha reducido notablemente su poder político y le aleja definitivamente de cualquier intento de controlar instituciones clave como el Tribunal Supremo Electoral o la Corte Suprema de Justicia. Diríase que El Salvador ha superado ya el riesgo de hundirse en el marasmo del modelo chavista.

«El Frente tenía un proyecto de dominio de las instituciones del Estado. Si no lo logró, no fue porque no lo intentó, sino porque no ha tenido fuerza suficiente», dice Salvador Samayoa, intelectual salvadoreño de amplio prestigio político y social. Samayoa fue dirigente del FMLN durante el conflicto armado que padeció El Salvador y fue negociador, por parte de la guerrilla, de los acuerdos de paz firmados en 1992. Poco después se desvinculó del Frente y hoy es uno de sus críticos más eficaces.

Bancarrota de las empresas del Alba

Samayoa afirma que en el Frente que entró en la vida democrática había debate interno, pero con el tiempo se impusieron las formulaciones chavistas, o «cuando menos las orteguistas», dice, considerando la política de Daniel Ortega en Nicaragua quizás algo más sutil que la completa fórmula exportada por Hugo Chávez. Eso ocurrió especialmente desde 2009, año en que el FMLN alcanzó la presidencia del país. Entre 2011 y 2013 «aceleraron el proyecto, con la ayuda del dinero que les llegaba de Venezuela, sobre todo a través de Alba Petróleos», la sociedad mixta creada con la petrolera nacional venezolana PDVSA.

Samayoa considera que por ese medio los dirigentes del FMLN dispusieron de no menos de 100 millones de dólares para uso discrecional, que utilizaron para comprar a políticos (en una operación para provocar una escisión en el partido de derecha ARENA) y a jueces. La resistencia de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y la caída de los precios del petróleo en 2014, que redujo los envíos de PDVSA, dejaron a medias la aspiración de dominio del Estado por parte del FMLN.

Las diversas empresas constituidas en el marco del acuerdo bolivariano del Alba entraron en bancarrota, con una deuda de más de 1.100 millones de dólares que la Asamblea Legislativa, donde el FMLN ya no tiene mayoría, se niega a saldar, pues no reconoce un débito generado por entidades del FMLN y no propiamente por el Estado salvadoreño.

Tentación de usar a las maras

Otro de los negociadores de los acuerdos de paz de 1992, en los que participó en nombre del Gobierno, el general Mauricio Vargas, hoy diputado de ARENA, estima que la imposibilidad del FMLN de avanzar hacia un proyecto autoritario se debe justamente a las ventajas democráticas que trajeron las reformas acordadas. Vargas cree que los avances democráticos han quedado por debajo de lo que cabría esperar transcurridos 25 años desde los acuerdos de paz, pero valora muy positivamente lo que llama «la ciudadanización de la política». «El mayor grado de participación y presión ciudadana ha hecho que el FMLN no tenga la mayoría cualificada que sí ha habido en Nicaragua y Venezuela».

Hoy el Frente tiene solo 23 de los 84 diputados de la Asamblea, y el dirigente más vinculado al chavismo y a sus negocios de narcotráfico, José Luis Merino, no consiguió ser reelegido. Además, el FMLN ha perdido la alcaldía de San Salvador y de otras ciudades.

Vargas recuerda que durante las negociaciones de paz uno de los cabecillas del FMLN, Salvador Sánchez Cerén, hoy presidente del país, le confesó que el Frente accedía a la paz por razones estratégicas, pero no renunciaba a la revolución. «Entonces no me di cuenta, pero eso indicaba que tenían una agenda oculta», dice. El señalamiento de esas intenciones hace que Vargas sea cauto a la hora de determinar que el peligro ha pasado. «Estamos en un equilibrio inestable», advierte. Y apunta que si en las elecciones del próximo año el FMLN pierde la presidencia «pueden tener una reacción irracional; ya lo estamos viendo ahora, que después de la derrota en las legislativas de este año están buscando crear problemas sociales para llenar la calle y dar consignas violentas».

Vargas no descarta, además, que el FMLN pueda echar mano de las maras, las pandillas juveniles que se han convertido en el mayor problema del país, al modo como Maduro y Ortega han usado a grupos violentos (los «colectivos» en el caso venezolano, y las fuerzas de choque sandinistas en el nicaragüense) para amedrentar a los ciudadanos. «No me cabe la menor duda de que usarán las pandillas si las necesitan», afirma. En la anterior legislatura ya hubo acuerdos secretos del Gobierno con las pandillas, algo conocido como «la tregua».

Echar mano a las pensiones

El grado de institucionalidad alcanzado en El Salvador, en especial la independencia demostrada por la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, también es destacado por Fabricio Altamirano, editor del grupo de prensa de «El Diario de Hoy». «Cuando se compromete la independencia de esa Sala ocurre lo que vemos en Nicaragua y lo que patéticamente sucede en Venezuela; la razón de que Argentina no callera también por el barranco es precisamente porque el órgano similar en ese país pudo mantenerse al margen».

La renovación en los próximos días de la mayor parte de los miembros de esa Sala constituye un momento delicado, en opinión de Altamirano, pero confía en que se respeten las estipulaciones establecidas en la legislación para asegurar la independencia en la composición de ese organismo, las cuales el FMLN ha intentado modificar varias veces sin éxito.

Altamirano atribuye parte de la debilidad del FMLN a la falta de fondos que antes llegaban al Frente en sus negocios con Venezuela. Curiosamente tanto los sandinistas como el FMLN han querido compensar esa reducción de ingresos con un mayor acceso a los fondos de la Seguridad Social.

Las actuales revueltas en Nicaragua comenzaron cuando el Gobierno anunció su intención de incrementar las contribuciones de empresas e individuos a la Seguridad Social (iniciativa de la que tuvo que retractarse, aunque sin lograr la pacificación callejera). En El Salvador el FMLN ha intentado cambiar el actual sistema de pensiones, que es privado. Nacionalizarlo «es tener a mano una caja de 10.000 millones de dólares, y eso es algo que provocó la desconfianza de los ciudadanos, que han estado muy activos en esta cuestión», señala Altamirano.