La Policía alemana cercó completamente el autobús secuestrado para asaltarlo y capturar al joven secuestrador. AP

Final sin víctimas del espectacular secuestro de un autobús alemán

ROSALÍA SÁNCHEZ. SERVICIO ESPECIAL
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BERLÍN. Después de siete horas dentro del autobús, los nervios del secuestrador comenzaban a venirse abajo y el comando especial de la Policía alemana intervino. Eran algo más de las cuatro de la tarde y sólo quedaban seis rehenes en el vehículo. El rápido asalto al autobús no dio oportunidad de reaccionar al libanés de 17 años que no llegó a utilizar la pistola con la que había encañonado al conductor de la línea de Bremen, obligándole a tomar la dirección de Hannover. La pintoresca caravana, el autobús escoltado por coches de la Policía y un convoy de cámaras de televisión en la vía paralela, llegó a recorrer unos 150 kilómetros.

Desde que el captor se hizo con el transporte con los 19 rehenes, entre ellos varios niños, fue liberando con cuentagotas a 13 pasajeros. Evitó deliberadamente el contacto con la Policía que, finalmente, a la altura de Hildesheim, bloqueó la autopista hizo parar al autobús y lo rodeó con veinte vehículos policiales. En una primera conversación el secuestrador pidió un teléfono móvil, agua y alimentos en abundancia y que desapareciese la Policía de su vista. Sus peticiones fueron siendo atendidas lentamente, siempre a cambio de la liberación de uno o dos rehenes, y continuó la negociación directamente a través de la puerta abierta del bus. Las siguientes exigencias del secuestrador fueron una conversación con el alcalde de Bremen, Henning Scherf, la liberación de presos islamistas y marchar en el autobús a «luchar contra Israel», informó la Policía en rueda de prensa en Hannover.

Al informar sobre la desaparición, los padres del menor dijeron a la Policía que el chico «tenía muchas tonterías en la cabeza»,