Felipe VI ha instado a continuar juntos para hacer de «este espacio común del Mediterráneo un espacio de paz, diálogo y estabilidad»
Felipe VI ha instado a continuar juntos para hacer de «este espacio común del Mediterráneo un espacio de paz, diálogo y estabilidad» - REUTERS

Felipe VI expresa su solidaridad al pueblo tunecino durante su asistencia al funeral por su presidente

El Jefe del Estado lidera una de las delegaciones de mayor rango para despedir al presidente tunecino, Beji Caid Essebsi, fallecido el jueves a los 92 años y considerado el padre de la transición a la democracia

EFE
MadridActualizado:

Destacados líderes mundiales han participado hoy en el funeral de estado celebrado en honor al presidente tunecino, Beji Caid Essebsi, considerado uno de lso padres de la transición democrática en el país, que falleció el jueves a la edad de 92 años.

El rey de España Felipe VI ha liderado una de las delegaciones de mayor rango de las que presenciaron la ceremonia en el palacio de Cartago, junto el presidente de la República francesa, Enmanuel Macron y líderes árabes como el emir de Qatar, jeque Hamad al Zani o el presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa.

También se han desplazado a la nación norteafricana el presidente de Palestina, Mahmud Abas, su colega argelino, Abdelkader Ben Salah, el jefe del gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, Fayez al Serraj, el ex presidente alemán, Joachim Gauck, y el secretario general de la Liga Árabe, Ahmed Abu Al Ghait.

El monarca española ha afirmado en un discurso improvisado que «en nombre del pueblo español, de su gobierno y de La Corona quiero expresar mi más sinceras condolencias a la familia del presidente y a todo el pueblo tunecino. Compartimos estos tristes momentos por un hombre que ha dado su vida por su país y su compromiso con su país y la democracia».

El monarca ha asegurado que «España permanece más que nunca al lado de Túnez en este momento de dolor. Debemos continuar juntos con este país amigo por hacer de este espacio común del Mediterráneo un espacio de paz, diálogo y estabilidad».

Nutrida ceremonia

La ceremonia se ha iniciado a las 10.00 de la mañana hora local (9.00 GMT), bajo un intenso calor, con la llegada del féretro en un carro al patio principal del palacio, desde donde fue introducido en el interior por seis oficiales de alto rango de las Fuerzas Armadas argelinas.

Allí fue recibido por el presidente interino del país, Mohamad Enneceur, por el primer ministro, Yusef Chahed, autoridades militares y una nutrida representación de líderes mundiales.

Una vez leído el responso y las aleyas correspondientes de El Corán, el féretro, envuelto en la bandera nacional tunecina, fue portado de nuevo a un carro militar para ser trasladado al cementerio de Jellaz, a unos 25 kilómetros al sur, para ser enterrado en el panteón familiar.

Durante el recorrido, que atravesó algunas de las arterias principales de la capital, decenas de tunecinos se agolparon frente a las vallas, en medio de un férreo dispositivo de seguridad, para despedir al hombre que consolidó el triunfo de la revolución que en 2011 acabó con la larga dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali.

«Ha sido un gran presidente, ha hecho mucho por los tunecinos. Un hombre muy bueno que ha entendido a los tunecinos», dijo a Efe Amal, una ama de casa que se acercó a las inmediaciones del Palacio para ver la salida de la comitiva.

«Túnez es ahora un país fuerte, con instituciones fuertes. Seguiremos por el mismo camino» que marcó Essebsi, elegido en 2014 tras las primeras elecciones democráticas del país, ha explicado, por su parte, Moez, un hombre que se acercó a las inmediaciones del cementerio.

El hombre que salvó la transición tunecina

Adscrito desde muy joven al movimiento nacionalista Neodestur, liderado por el que sería el primer presidente de la nueva República, Habib Bourguiba, Essebsi desempeñó numerosos cargos al lado del «padre de la independencia» tunecina pero también durante la dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali.

Derrocado éste en 2011, Essebsi se convirtió en una pieza clave para salvar la transición de la crisis que la amenazó en 2013, gracias a su estrecha relación con el líder del movimiento islamista conservador «Ennahda».

Cinco años después de su elección deja el país sumido en la incertidumbre política después de que hace una semana se negara a ratificar las enmiendas a la ley electoral aprobadas por el Parlamento a escasos tres meses de que se celebren elecciones legislativas.

De acuerdo con su hijo y secretario general del partido que él mismo fundó «Nidaa Tunis», Hafed Caïd Essebsi, el presidente decidió no rubricar las enmiendas al considerar que estas son «excluyentes» y por tanto lesivas para la transición.

Entre otros cambios, las enmiendas endurecen los requisitos para aspirar a la candidatura a la presidencia -lo que impide a varios candidatos independientes presentarse pese a que algunas encuestas les sitúan en cabeza. Y facilita también el regreso a la vida política y electoral de la vieja guardia que escoltó al derrocado presidente Zinedin el Abedin Ben Ali, durante cuya dictadura Essebsi ejerció brevemente de presidente del Parlamento.

En este contexto, la Instancia Superior Independiente de las Elecciones (ISIE), institución encargada de supervisar y velar por la consulta, ha decidido hoy adelantar al próximo 15 de septiembre las elecciones presidenciales previstas para finales de noviembre para intentar evitar un posible vacío de poder ya que el presidente interino, Mohamad Ennaceur, de 85 años, también tiene un delicado estado de salud.

Los críticos también recriminan a Essebsi la falta de avances en cuestiones claves, como la formación del Tribunal Constitucional, y en particular la grave crisis económica que sufre el país, que le ha obligado a recurrir a la deuda internacional.

Ocho años después de la revolución que asombró al mundo, Túnez adolece de los mismos problemas que condujeron a la ira: una corrupción endémica y un paro estructural desbocado, especialmente entre los más jóvenes, que mantiene asfixiadas a las calles medias y trabajadores y nublado la esperanza de futuro.