«El timo antes que el odio, Chirac antes que Le Pen», reza la pegatina que luce una de las miles de personas que ayer se echaron a las calles en Francia.Reuters

La extrema derecha crece en los antiguos bastiones socialistas y comunistas

Los 4.771.077 electores que votaron a Jean-Marie Le Pen en la primera vuelta vienen de todos los estratos sociales, son mayoritariamente obreros, agricultores, pequeños comerciantes, decepcionados de los partidos tradicionales y han votado por el líder de la extrema derecha para protestar contra unos cambios que perciben con miedo, reaccionando con agresividad incendaria.

J.P. QUIÑONERO. Corresponsal
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PARÍS. Jean-Marie Le Pen ha sido condenado en los Tribunales de Justicia por delitos relacionados con el racismo, la xenofobia, la violencia anti-democrática, y perdió su escaño en el Parlamento Europeo por tales razones. Entre sus militantes hay gente de ese tipo de convicciones extremistas. Pero el grueso de sus 4,7 millones de electores proviene de muy distintos horizontes, fascinados por su demagogia.

Según todos los estudios sociolólogicos, Le Pen tiene hoy más electores obreros, proletarios, que el PS y el PCF juntos. Electoralmente, el PS es un partido de pequeños funcionarios, mientras que el PCF se ha convertido en un grupúsculo que ha dejado de estar implantado en toda Francia. El domingo, el electorado de la extrema derecha creció en los grandes bastiones del movimiento obrero.

Barrios con inmigrantes

Hasta el sábado pasado, Le Pen estaba bien implantado en las regiones, las ciudades y los barrios con mucha población de inmigrantes. Desde el domingo, Le Pen ha conquistado las tierras electorales del Norte de Francia, donde nació y se propagó el movimiento obrero. Durante la segunda mitad del siglo XIX y casi todo el siglo XX, las regiones del Norte, donde estuvieron implantadas la gran industria minera, la siderurgia y las factorias textiles, donde nació y creció el sindicalismo francés, fueron feudos electorales del PCF y del PS. El domingo, esas regiones han girado a la extrema derecha y la extrema izquierda, con mucha ventaja para Jean-Marie Le Pen.

En el Sudeste, el voto de extrema derecha es un voto de rechazo contra la inmigración. En Marsella, en Toulon, en la Costa Azul, el voto Le Pen es un voto de pequeños comerciantes, jubilados, pequeños empresarios, que protestan contra la violencia urbana, acusando a la inmigración pobre. En el Norte, en Lille, en la frontera franco-belga y franco-luxemburguesa, es un voto muy mayoritariamente obrero, de proletario en paro, obreros víctimas de la precariedad y la desertización industial.

En las grandes ciudades, París, Lyon, Marsella, Toulouse, se confunden las dos grandes tendencias del voto de extrema derecha. En las afueras de la capital, el antiguo «cinturón rojo», feudo electoral comunista desde la postguerra, se ha convertido, hoy, en un vivero de voto extremista, en el caldo de cultivo de la pobreza de masas, la desintegración social y una inmigración mal controlada y peor integrada.

Grandes diferencias

Hay grandes diferencias de fondo y de forma entre la minoría militante de extrema derecha y la mayoría de los 4.77 millones de electores que han votado por Le Pen. Hay, siempre, una minoría que viene de los grupúsculos neonazis, los grupúsculos racistas, capaces de la violencia asesina. Pero la inmensa mayoría del voto de extrema derecha viene de sectores sociales obreros, marginados, que se consideran amenazados por el cosmopolitismo europeo.

Con un talento demagógico que roza lo diabólico, Jean-Marie Le Pen ha conseguido ganar un capital electoral sin precedentes en la historia política de Francia, jugando, siempre, la misma carta: presentarse como defensor de los humildes y los pobres, contra una clase política corrompida.