Eurocámara Sus xenófobas señorías

Eurocámara Sus xenófobas señorías

Europa presume de sofisticada civilización. Pero el respaldo electoral cosechado por algunos líderes racistas muestra que apenas bastan unos meses de crisis para reavivar viejos odios e intolerancia

EMILI J. BLASCO / RAMIRO VILLAPADIERNA / ENRIQUE SERBETO
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Miedo a la inmigración, miedo a Europa, miedo a los vecinos. Miedo al futuro. Bajo la sombra del miedo, los votantes europeos se han dejado tentar por el voto del extremismo intolerante. Abiertamente xenófobos «sólo» habrá 26 eurodiputados. Aunque populistas más o menos radicales serán unos 160. He aquí las credenciales de sus líderes.

Nick Griffin (Reino Unido): Xenófobo recibido con huevos

Griffin ha sido recibido con lanzamiento de huevos en su nuevo puesto de eurodiputado. Así que el líder del Partido Nacional Británico (BNP) no va a ir a ningún sitio sin la compañía al menos de su permanente guardaespaldas, de puño lleno de anillos. El peldaño subido por el BNP, con dos escaños en Estrasburgo, cuando hasta ahora sólo tenía unos escasos concejales, va a convertir a Griffin en frecuente protagonista de altercados.

Inglés de 50 años, militante de diversos grupos de extrema derecha desde la adolescencia, Griffin no es especialmente brillante, por más que pueda exhibir la credencial de haber estudiado en Cambridge. Pero su astucia le permitió hacerse con el control del BNP en 1999. Desde entonces ha ido imponiendo un discurso menos estridente, pero igualmente controvertido. De aspecto agradable, su mirada sin embargo desconcierta debido a que lleva un ojo de cristal a resultas de un accidente y sus gestos son más bruscos de lo que él quisiera.

Griffin ha tenido dos procesos judiciales. En 1998 fue condenado a nueve meses de prisión por incitación al odio racial por una publicación del BNP en la que la muerte de millones de judíos en los campos de concentración era calificada como «Holohoax» (el término inglés «hoax» significa engaño) y se criticaba al escritor negacionista David Irving por ser demasiado blando. En 2004 fue detenido por su afirmación de que el islam es una «religión perversa y cruel», pero el juicio, que tuvo que ser repetido en 2006, no condujo a nada, y Griffin celebró ese final con militantes extremistas bebiendo a las puertas de los juzgados las botellas de champán que había enviado Le Pen.

Recientemente publicó en la web del partido unas declaraciones reveladoras: «Como sabéis, nosotros no quebrantamos la ley. Nunca lo hemos hecho ni lo haremos en cuestiones económicas. Pero no os importe saltaros la extraña ley racial, o ser acusados de ello, digamos que inadvertidamente».

Geert Wilders (Holanda): Quiere prohibir el Corán

En cualquier otro país europeo Geert Wilders no habría pasado de ser un oscuro funcionario de la seguridad social trasvasado a la política. Medio conservador medio rebelde, nunca habría hecho carrera política en un país donde no se cultivara la tolerancia hacia el pensamiento ajeno que existe en Holanda. Pero hasta los propios holandeses empiezan a estar hartos del uso que hacen otros de este principio anclado por ellos en lo políticamente correcto, y ya llevan casi una década dando vueltas a eso del multiculturalismo y sus consecuencias en la ordenada y feliz vida de este reino. Después de los asesinatos de Pim Fortuyn y de Theo Van Gogh, y el caso de la ex diputada ex holandesa Hirsi Ali, no hacía falta ser adivino para saber que Wilders habría obtenido un buen resultado. Gestos de propaganda como el minidocumental sobre el islam, cuya exhibición parecía que iba a encender los barrios musulmanes de toda Europa, le han preparado el terreno. El problema es que ahora ha reavivado otra vez las brasas del racismo y el resentimiento y probablemente no pasará de los discursos más o menos pomposos. Pide la prohibición del Corán —que considera un «libro fascista»—, la construcción de mezquitas y la inmigración no occidentales (durante al menos cinco años). También aboga por el cierre del Parlamento Europeo.

Cuentan que su padre era un alemán que huyó de los nazis, que le provocaron un trauma tan fuerte que nunca más fue capaz de regresar a Alemania. Las ideas políticas de su hijo habrían sido prohibidas en Alemania, sin ir más lejos.

Krisztina Morvai (Hungría): Contra judíos y cristianos

Rubia, partidaria de recurrir a milicianos civiles contra judíos y gitanos, esta brillante abogada, antigua integrante del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (en la ONU) y madre de tres niños, podría ser un banderín político ideal para cualquier otro partido. Pero Morvai guerrea con la formación Por una Mejor Hungría («Jobbik»), con un discurso racista y ultranacionalista, y acaba de dar la ingrata sorpresa de atraer el 15% de los votos, y quedar a menos de 3 puntos de los socialdemócratas.

Con su elaborada imagen y su xenofobia populista, que pretende impedir que las altas finanzas conviertan a Hungría en una colonia de pobres y esclavos en su propio país, Morvai es lo que el primer ministro Bajanai ha llamado «un enorme problema». Se habla de voto de protesta contra el plan de ajuste del gobierno, en medio de una dura crisis tras el despegue de los noventa. En casa, Morvai hace campaña en pro de «la tierra húngara y sus mercados», clamando por revocar cualquier supuesto favoritismo hacia extranjeros y multinacionales sobre la propiedad y firmas locales. Pide garantizar el orden con la reintroducción de una gendarmería rural anti-gitana y anti-migratoria; la llamada «Guardia Húngara», milicia de parafernalia y reminiscencia fascista. Hacia el exterior habla de una genérica «defensa de las tierras húngaras» que despierta seria preocupación en Serbia, Rumanía y Eslovaquia, al interferir en contenciosos por la autonomía de poblaciones magiares en el exterior.

Gigi Becali (Rumanía): Ultra millonario

Empresario rumano, antes pastor de ovejas y hoy revisionista extremo y abanderado de una pretendida «revolución cultural» rumana, vive en medio de la más desagradable controversia mediática y él mismo ha avisado en una de sus convulsas entrevistas de que no es «un hombre civilizado». Lógico entonces que visite el calabozo de forma recurrente. Nacido hace 51 años en Zagna, con un pasado de deportación comunista por su implicación familiar en la fascista Guardia de Hierro. Intentó crear con el Becali Bank una entidad para millonarios, pero el Banco Central le paró los pies. Él ya se había hecho millonario a través de la especulación con un terreno turbiamente intercambiado con el Ejército, y amparado en su control del equipo de fútbol Seteaua de Bucarest. Tras intentar entrar en política con la Liga de Comunidades Italianas de Rumanía, fundó el New Generation—Christian Democrat Party.

Jean-Marie Le Pen (Francia): «Los nazis no fueron para tanto»

Es el clásico, el veterano de la extrema derecha europea. Ultranacionalista, negacionista del Holocausto y xenófobo con la inmigración. Fue acusado de crímenes contra la humanidad por afirmar que la ocupación nazi de Francia no fue para tanto y aseguró que las cámaras de gas solo fueron una «cuestión de detalle». Su populismo ha sido la madre nutricia de la que han mamado las nuevas camadas ultras. Durante mucho tiempo fue tratado como un paria en el Parlamento Europeo. Ahora, en cambio, sus diputados van a estar bastante más arropados. Él ya no vive tanto en la primera línea de la política. Pero su siembra de odios parece haber dado numerosos frutos.