Alexandria Ocasio-Cortez, en la marcha por el orgullo gay en el barrio del Bronx de Nueva York
Alexandria Ocasio-Cortez, en la marcha por el orgullo gay en el barrio del Bronx de Nueva York - REUTERS

Estilo Podemos en el Capitolio

Más que por sus ideas, la nueva hornada de demócratas ha preferido hacer bandera de las formas y los gestos

WashingtonActualizado:

El pasado domingo, a la hora de la cena, Alexandria Ocasio-Cortez colocó su móvil en el banco de la cocina de su apartamento, abrió la aplicación de Instagram y emitió en directo para 1.500 seguidores cómo calentaba una sencilla cena de macarrones con queso precocinados mientras escuchaba música de su cantante favorita.

Mientras rallaba queso, expresó su admiración por Shirley Chisholm, la primera mujer negra en ganar un escaño en el Capitolio y candidata a la presidencia en 1972. «Alguien tiene que ser la primera», dijo, cantando.

Ocasio-Cortez es, a sus 29 años, la diputada más joven de la historia de Estados Unidos., tras ganar las elecciones por Nueva York en noviembre. Antes de ocupar su escaño ha obligado a la actual líder de su partido, la muy veterana Nancy Pelosi, a comprometerse a abandonar en cuatro años la presidencia de la Cámara de Representantes, forzando un cambio generacional.

Ocasio-Cortez es uno de los miembros más destacados y con más poder en el nuevo Capitolio. Sin embargo, más que de política, ha preferido hacer bandera de las formas, los gestos y el nuevo estilo de vida que ella y su generación traen a Washington.

Como cuando Podemos irrumpió en el Congreso de los Diputados español en enero de 2016, la nueva hornada de demócratas ha dejado anonadados a los más veteranos en el Capitolio. La propia Ocasio-Cortez se presentó, puño en alto, en una protesta en el despacho de Pelosi el día en que había sido citada para sus jornadas de orientación en Washington.

Desde su llegada, aquel 13 de noviembre, ha tuiteado absolutamente todas sus impresiones en el día a día del Capitolio, quejándose por ejemplo de que la confundan repetidamente con una becaria.

Más que por sus ideas sobre política medioambiental, fiscal o internacional, ella y sus nuevos compañeros de promoción han conseguido un lugar prominente en los medios norteamericanos por sus quejas sobre el coste del alquiler en la capital norteamericana. «Hace un año era camarera, me compré mi primer sofá hace dos semanas, y después me pude permitir por fin un seguro médico», dijo Ocasio-Cortez.

Su principal queja: entre el día de las elecciones, en noviembre, y el inicio de la legislatura el 3 de enero, no percibirá salario, y no puede permitirse un alquiler en Washington, que supera los 2.000 euros mensuales. A partir de enero, eso sí, cobrará los 174.000 dólares (150.000 euros) al año que perciben todos los diputados.

«Parecerse a América»

Los nuevos demócratas traen consigo problemas de su generación. La diputada Ilhan Omar (36 años, de Minnesota) ha pedido a los líderes de su partido que voten una enmienda a una norma de 1837 que impide lucir atuendo religioso en el hemiciclo, incluido el velo islámico. Omar, que es musulmana, luce un hiyab, que le cubre el cabello y el cuello. «El parlamento por fin se va a parecer a América», dijo en Twitter al pedir el voto, que con toda seguridad se producirá.

No hay ya despacho del Capitolio o reunión que no sea susceptible de acabar en redes sociales. Quedó demostrado la semana pasada durante una jornada de orientación en la universidad de Harvard que se celebra desde 1972 y por la que han pasado unos 700 diputados. En la de este año, los novicios tenían la oportunidad de hablar con altos directivos de empresas como Johnson & Johnson o Boeing.

Esto no intimidó a Rashida Tlaib, congresista de Michigan, que contó en directo su discusión con Mary Barra, presidenta de General Motors, por el plan de la empresa de reducir su plantilla. Cuando Gary Cohn, ex consejero delegado de Goldman Sachs y ex asesor de Trump tomó la palabra, Tlaib le criticó, pero no a la cara sino en Twitter: «No ves venir lo que se acerca, Gary: un Congreso revolucionario que pone al pueblo por encima de las ganancias empresariales».