Un trabajador en una panadería, en La Habana
Un trabajador en una panadería, en La Habana - EFE

La escasez de trigo pone en peligro el pan diario de los cubanos

El déficit en la producción y abastecimiento, por una presunta avería de molinos, se traduce en largas colas en las panaderías estatales y el incremento abusivo del precio

Corresponsal en La HabanaActualizado:

Son las siete de la noche y en la barriada Los Sitios más de una docena de vecinos se aglomera en torno al vendedor ambulante de panes y galletas. Entre ellos se intercambian empujones y groserías, porque la mercancía es poca y no alcanza para todos. El vendedor advierte a la clientela que ha subido el precio, más del doble, y el tono de las protestas se calienta.

Aunque para muchos es poco creíble, las autoridades cubanas aducen averías en algunos molinos –que han estado parados por falta de piezas de repuesto, en particular en Santiago de Cuba y Cienfuegos– y aseguran que el problema se resolverá pronto.

Pero este panorama se ha vuelto frecuente desde inicios de noviembre. El déficit en la producción y abastecimiento de harina de trigo se traduce en largas colas en las panaderías estatales, y en el incremento de los precios del sector privado para aquellos productos elaborados con esta materia prima.

Natalia del Valle, enfermera y vecina de Nuevo Vedado, tiene dos hijos menores de edad que estudian en la enseñanza primaria. Desde hace un mes, garantizar la merienda diaria para ambos niños le ha caotizado las cuentas domésticas.

«El paquete de ocho panes [de 80 gramos cada uno] que normalmente se compraba a los vendedores ambulantes al precio de 10 pesos, ahora cuesta 25 pesos», se queja del Valle, mientras ahonda que en las panaderías estatales, para adquirir el pan liberado, las colas son insufribles y nunca alcanza para toda la comunidad.

La cadena de panaderías estatales, según funcionarios de Comercio Interior, solo cuenta con la harina de trigo suficiente para garantizar la producción del pan normado. Desde inicios de la década de los noventa, en medio de la crisis económica que el régimen en la Isla llamaría «Período Especial», se regularía la venta a un pan [de 80 gramos] por persona.

Una espera de tres horas

«Pero ni siquiera alcanza la harina para la producción del pan normado», asegura un trabajador de la panadería de Ayestarán y 19 de mayo, donde los clientes han esperado tres horas para adquirir el producto.

Dueños de varias pizzerías particulares se han visto obligado a cerrar sus negocios por la escasez de harina de trigo, que normalmente adquieren a través del mercado negro, y la misma es sustraída de los almacenes centrales de Comercio Interior.

«En el mercado negro se duplicó el costo de la libra de harina, y yo no puedo subir el precio de las pizzas porque este es un barrio de gente bien humilde», alega Juan Manuel Urrutia, dueño de una pizzería particular en la barriada de El Canal.

Las afectaciones por la escasez de harina de trigo han provocado rumores de posibles protestas entre el sector privado. Uno de los reclamos de siempre de los llamados «cuentapropistas» es que el Estado cubano no les garantiza almacenes mayoristas para proveerse de insumos y materia prima para abastecer y sostener sus negocios.

En la cadena de tiendas estatales, que comercializa productos en divisas, los precios de la harina de trigo son catalogados de prohibitivos.

«Pero muchos de nosotros estamos obligados, ante la escasez actual, a comprar la harina en estas tiendas aunque no veamos ganancia alguna en la inversión. No podemos darnos el lujo de cerrar los negocios porque igual tenemos que pagar los impuestos», explica Juliana Oropesa, dueña de una pizzería en El Vedado.

Los más afectados por la crisis en la producción y abastecimiento de harina de trigo son los jubilados. Con pensiones que no sobrepasan los 10 euros mensuales, la mayoría de ciudadanos de la tercera edad no pueden darse el lujo de comprar el pan a sobreprecio.

«Ya este gobierno ni siquiera garantiza ese único pan nuestro de cada día», critica Hilario Gómez, de 77 años de edad, mientras aguarda en la cola de la panadería de Panorama y Estancia.