Escándalo en China al obligar Pekín a abortar a una embarazada de siete meses
Dos niños chinos, fotografiados en una caravana en las afueras de Pekín en pasado mes de abril - reuters
«política del hijo único»

Escándalo en China al obligar Pekín a abortar a una embarazada de siete meses

La mujer fuerza a las autoridades a abrir una investigación al publicar en internet las fotos del feto manchado de sangre y totalmente formado, que han provocado la indignación general

corresponsal en pekín Actualizado:

Los excesos de la «política del hijo único», acompañados de la difusión masiva que ofrecen las nuevas tecnologías e internet, vuelven a avergonzar al autoritario régimen chino. En Zhenping, un pueblo de la provincia de Shannxi, una embarazada de siete meses ha sido obligada a abortar porque no podía pagar la multa de 40.000 yuanes (5.000 euros) que le imponían las autoridades locales por tener a su segunda hija.

Tras la operación, la mujer, llamada Feng Jianmei, colgó en internet unas fotos espeluznantes donde aparece tumbada en la cama del hospital junto al feto cubierto de sangre y perfectamente formado, como si fuera un bebé. Tan impactantes imágenes han sacudido a la Red en China, donde hay más de 500 millones de internautas. Su indignación, que no se ha hecho esperar, ha obligado al gobierno local de Zhenping a abrir una investigación.

«Cinco hombres se la llevaron a la fuerza al hospital», dice el marido de la embarazada

Según informa la agencia France Presse, un comité especial va a aclarar lo ocurrido «con transparencia» para revelar «la verdad lo antes posible», ya que el marido de la embarazada, Deng Jiyuan, ha denunciado que su esposa fue «raptada» por los funcionarios locales cuando él estaba trabajando. «Cubriéndole la cabeza con la funda de una almohada, cinco hombres se la llevaron a la fuerza al hospital el 2 de junio. No pudo hacer nada y le obligaron a firmar su consentimiento imprimiendo sobre el papel la huella de su pulgar manchado de tinta», explicó Deng Jiyuan a la ONG cristiana americana All Girls Allowed, que lucha desde 2010 contra la «política del hijo único».

«El bebé se quedó quieto»

Para provocarle el aborto a la mujer, le inyectaron toxinas en el cerebro del feto. «Antes podía sentir al bebé moviéndose dentro de mí todo el tiempo, pero entonces se quedó quieto», relató Feng Jianmei, quien sufrió unas dolorosas contracciones en la madrugada del 4 de junio hasta que dio a luz sin anestesia al bebé muerto. «Fue mucho más doloroso que mi primer parto. La niña estaba sin vida, toda morada y azul», se lamentó la mujer, que sufre desde entonces fuertes dolores de cabeza. Sus familiares intentaron reunirse con ella en el hospital, pero no les permitieron verla hasta que terminó el aborto.

«La niña estaba sin vida, toda morada y azul»

Para controlar su población, que ya ha superado los 1.350 millones de habitantes, China impuso a finales de los años 70 la «política del hijo único». Desde entonces, las familias urbanas sólo pueden tener un vástago, pero a los campesinos del mundo rural se les permiten dos si el primero es una niña. Por supuesto, se pueden tener más hijos pagando la multa correspondiente, un lujo al alcance de los más privilegiados, pero el propio Partido Comunista obliga a sus cuadros a abortar en caso de tener un segundo embarazo.

El régimen de Pekín se enorgullece de haber puesto freno a la superpoblación que sufre el país, cuyo crecimiento demográfico se ha estancado al disminuir los nacimientos y aumentar la esperanza de vida. Además, se calcula que cada año se practican 13 millones de abortos, que sólo cuestan unos 600 yuanes (75 euros). Esta cifra, que supera a la mitad de los 20 millones de nacimientos contabilizados anualmente, podría ser incluso mayor porque muchas de dichas interrupciones del embarazo tienen lugar en clínicas ilegales.

Con frecuencia aparecen en la Prensa informaciones sobre los abusos cometidos por las autoridades locales para cumplir la “política del hijo único”, como los abortos forzosos o las esterilizaciones masivas que el disidente ciego Chen Guangcheng, recientemente exiliado en Estados Unidos, denunció en su provincia, Shandong.

Tras la indignación que ha provocado este último caso, las autoridades de Zhenping prometen una investigación, pero nada podrá devolverle su hija a Feng Jianmei.