El empresario que implicó a Simeón de Bulgaria en el «caso Saboya» inventó sus acusaciones

JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSALROMA. El empresario de Trieste Pierpaolo Cerani ha reconocido que sus presuntos sobornos a Simeón de Bulgaria fueron completamente inventados para «complacer» al Príncipe

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JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL

ROMA. El empresario de Trieste Pierpaolo Cerani ha reconocido que sus presuntos sobornos a Simeón de Bulgaria fueron completamente inventados para «complacer» al Príncipe Víctor Manuel de Saboya, quien permanece bajo arresto domiciliario en Roma, acusado de corrupción de funcionarios italianos, falsedad y explotación de la prostitución.

El escándalo descubierto por los magistrados de Potenza salpicó al Rey y ex primer ministro de Bulgaria pues en una de las conversaciones telefónicas grabadas por la Policía, Cerani se jacta ante Víctor Manuel de Saboya de haber dado dinero para la campaña electoral al mandatario búlgaro, extremo que el interesado negó rotundamente en Sofía el pasado martes en una conferencia de prensa internacional.

En declaraciones a un semanario italiano Cerani afirma ahora que «Simeón de Bulgaria es una persona honrada que jamás habría aceptado dinero de mí. Yo quería tan sólo seguir la corriente a Víctor Manuel de Saboya, y decía esas cosas al teléfono sólo para complacerlo». El empresario añade que «llevaba cuatro años yendo a Bulgaria. Por eso, para enfatizar, dije a Víctor Manuel una serie de tonterías. Me doy cuenta de que me he equivocado. Pero, ¿quién podía imaginar que esto fuese a terminar en público?».

Cerani reconoce que «soy un estúpido pues por intentar congraciarme a Víctor Manuel entré a su juego diciendo todas aquellas tonterías. Y esto es la realidad». O al menos es la parte que cuenta al semanario del corazón Novella Duemila, pues las escuchas telefónicas sugieren algo más delictivo.

El sumario revela que Cerani acudía al Príncipe para que corrompiese a su primo Simeón, quien frenaba proyectos del empresario italiano en Bulgaria. Cerani y Víctor Manuel terminan tramando contra Simeón que había puesto en venta parte de su patrimonio inmobiliario.

El Príncipe planea meter en la operación a un empresario inmobiliario amigo suyo e incluir un trámite ilegal de modo que «después le pedimos a Simeón parte de lo que haya cobrado o le denunciamos». A este punto, los chismorreos tienen ya el aspecto de algo que se castiga en el Código Penal italiano: la asociación para el delito.