Elecciones sin democracia en Palestina

JUAN CIERCO. CORRESPONSAL/
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RAMALA J(CISJORDANIA). En las gélidas calles de Ramala se hablaba ayer con más entusiasmo del sorteo de la Liga de Campeones que de la inminente campaña para los comicios presidenciales del 9 de enero. Las elecciones palestinas no levantan pasiones en Cisjordania; mucho menos en una Gaza víctima de otra dura operación militar israelí con doce muertos.

Todos, salvo quizás Mustafá Barghuti, el candidato del pianista judío Daniel Barenboim, son conscientes de la más que segura victoria del gris Mahmud Abbas (Abu Mazen). Y todos, salvo quizás el propio Abu Mazen, son conscientes también de que el resultado se ha decidido de antemano en Washington, Bruselas, Tel Aviv o El Cairo.

Jalil Shikaki, director en Ramala del Centro de Opinión Pública, cree que son varias las cuestiones que desaniman a los ciudadanos. «La retirada de Marwán Barghuti influye mucho en este desinterés. Porque le quita emoción al resultado y porque se demuestra así que Al Fatah no ha permitido ningún candidato fuerte que le haga sombra a Abu Mazen».

Y es que Al Fatah ha jugado todas sus cartas, muchas muy sucias, para apartar al líder de la Intifada de la carrera electoral. Por ejemplo, se le ha amenazado con dejarle pudrirse en la cárcel si no tiraba la toalla y mantenía su desafío, muy amenazador, a Abbas.

No ha sido Marwán Barghuti el único en retirar su candidatura. Otros candidatos de menor peso lo han hecho por no haber igualdad en el proceso democrático.

Agresiones israelíes a candidatos

Además, algún candidato ha sido retenido y agredido en controles militares israelíes. La libertad de movimientos, no sólo de los votantes, también de los candidatos, brilla por su ausencia.

Shikaki considera también que el proceso electoral está contaminado por la presión internacional y la ocupación israelí. Israel insiste en que va a facilitar el desarrollo de la campaña. Pero sólo se ha comprometido a retirar sus tropas de las zonas ocupadas el día antes de la votación, el día «D» y el día siguiente.

Asesores de Ariel Sharón, entre ellos su mano derecha, Dov Weisglass, el mismo que dijo que la evacuación de Gaza serviría para quedarse con Cisjordania, y dirigentes palestinos se reunirán esta semana para coordinar las cuestiones de seguridad.

Jalil Shikaki apunta que «los palestinos de la calle están hartos de la Intifada y de la represión israelí, y consideran que conviene votar a Abu Mazen por el apoyo político y económico del exterior».

Pero advierte de que «esa es un arma de doble filo puesto que si no se ven resultados concretos y beneficios urgentes, esa calle se volverá contra Abbas con un argumento principal: se ha vendido a los intereses de Estados Unidos, la Unión Europea e Israel».

La dictadura política de Al Fatah se ha visto asimismo en su negativa a celebrar elecciones legislativas a la vez que las presidenciales, como exigían distintos partidos políticos. El boicot a los comicios de Hamás, el Yihad Islámico u otras organizaciones parte de esa base aunque hace escala en otras.

Shikaki se detiene igualmente unos segundos en los países árabes vecinos. «La democratización plena y a fondo de Palestina podría ser un problema serio para estos regímenes anclados en dictaduras no demasiado maquilladas. Conviene por eso, para su estabilidad, que el espejo en el que se miren sea el de unas elecciones tranquilas que no den paso a cambios traumáticos. Es decir, que gobiernen quienes ya lo hacían junto a Arafat». Es decir, Abu Mazen.