El expresidente Barack Obama, durante un mitin en Miami la semana pasada
El expresidente Barack Obama, durante un mitin en Miami la semana pasada - REUTERS

ELECCIONES LEGISLATIVAS EN EE.UU.Obama acude en ayuda de una oposición sin liderazgo claro

La oposición a Trump apunta a arrebatar la Cámara de Representantes a los republicanos, pero sale de la campaña sin líderes claros para 2020

CORRESPONSAL EN NUEVA YORKActualizado:

Estados Unidos acude hoy a las urnas en unas elecciones legislativas que determinarán el equilibrio de poder entre republicanos y demócratas, condicionarán la segunda mitad de la presidencia de Donald Trump y sentarán las bases de la batalla para su reelección.

Las elecciones ponen en juego la totalidad de los escaños de la Cámara de Representantes, así como un tercio del Senado. Además, se eligen 36 gobernadores –un cargo de mucho peso político– y miles de representantes estatales y locales.

La principal cuestión es cuánto poder recuperará la oposición demócrata en Washington. Desde la histórica elección de Donald Trump en 2016, los republicanos tienen el control de la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso.

Todo apunta a que los demócratas ganarán terreno en la Cámara de Representantes –con muchas posibilidades de recuperar la mayoría-, mientras que un vuelco en el Senado será mucho más improbable.

Las encuestas señalan que el control de la Cámara baja –con 435 escaños– se decidirá en 75 distritos muy competidos, según el Cook Political Report. De ellos, en solo cinco se deciden escaños que ahora ostentan demócratas. Es decir, quienes lo tienen cuesta arriba son los republicanos, que pueden perder muchos distritos que ahora controlan. De acuerdo con este análisis, la posibilidad más realista es que los demócratas aumenten su presencia en la Cámara de Representantes con entre 30 y 40 escaños. Este resultado sería la materialización de la «marea azul» de la que se habla desde hace meses y que daría la mayoría a los demócratas.

Estos cambios de mayorías en la Cámara baja no son excepcionales en Estados Unidos. Los últimos vuelcos similares se produjeron en el país en 1994, 2006 y 2010. En esta última ocasión, en circunstancias similares a las actuales: Barack Obama había llegado a la presidencia dos años antes, en los que gozó de mayoría demócrata en ambas cámaras y pudo impulsar puntos centrales de su agenda política, como la reforma sanitaria. En 2010, perdió un apoyo fundamental en la Cámara de Representantes, como le podría pasar ahora a Trump.

Pronóstico inestable

En el Senado, las opciones son mucho más halagüeñas para los republicanos. La mayoría de los escaños en juego pertenecen a estados donde Trump ganó con facilidad en 2016. Si consiguen la victoria en tres de los siete estados donde la elección está reñida, la Cámara alta seguirá en sus manos.

En cualquier caso, hay muchas elecciones apretadas, y las encuestas –que han demostrado que pueden equivocarse– son menos fiables en votaciones a nivel estatal que en las nacionales. La noche electoral puede ser larga y tensa, con muchas resultados ajustados y que exijan recuentos.

Si los pronósticos se cumplen, la Cámara de Representantes en manos demócratas se convertiría en una amenaza para Trump. Las comisiones parlamentarias podrían atacar al presidente en asuntos como su declaración de impuestos o conflictos de interés de sus empresas, además del torpedeo de la agenda política de Trump.

En busca de rumbo

Además, y a falta de que lleguen las conclusiones del fiscal especial Robert Mueller sobre la investigación del supuesto complot entre la campaña de Trump y Rusia, los demócratas podrían hacer un uso político de su nueva mayoría con el impulso de un «impeachment». Todo apunta a todavía una mayor polarización política de cara a las elecciones de 2020, un escenario que no desagradaría a Trump.

En clave de 2020, las elecciones de hoy servirán también para apuntar qué dirección podría tomar el partido demócrata para recuperar la Casa Blanca. Si hay candidatos progresistas que consiguen la victoria en estados clave –por ejemplo, Andrew Gillum para gobernador de Florida–, podría seguirse ese camino.

La realidad es que, pase lo que pase hoy, los demócratas están lejos de tener a un líder aglutinador que tenga peso para enfrentarse a Trump. Los favoritos -Elizabeth Warren, Bernie Sanders, Corey Booker, Kamala Harris- han tenido poco protagonismo en la campaña, en la que Trump ha sabido comerse toda la atención. La excepción es el ex vicepresidente, Joe Biden, muy activo en estas elecciones, pero que no ha dejado claro si se presentará (en 2020 cumplirá 78 años).

Esas lagunas las ha ocupado el gran referente que le queda al partido demócrata: Barack Obama. El expresidente se ha lanzado con el máximo vigor en la recta final de la campaña y con una agresividad rara en él desde que dejó la Casa Blanca. Ha acusado a Donald Trump de «inventarse cosas» y se ha apuntado buena parte del éxito económico del que alardea el presidente. Y, sobre todo, ha buscado poner al votante estadounidense frente al espejo: «La idiosincrasia de nuestro país está en las papeletas».