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Las elecciones dejan a EE.UU. todavía más dividido

La brecha política en el país ya no es entre las costas y el interior: ha llegado a ser íntima, de casa por casa

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

EE.UU. se despertó ayer con un Congreso dividido tras las elecciones legislativas del martes: los demócratas recuperaban la Cámara de Representantes y los republicanos reforzaban su mayoría en el Senado. La división en el Capitolio, sin embargo, es solo un símbolo de una brecha más profunda, idiosincrásica del país, pero que se ha profundizado y ramificado en la última década. Hace no tanto, en los gobiernos de George W. Bush de comienzos de este siglo, las dos Américas se pintaban con facilidad en el mapa electoral: azul demócrata en las dos costas y rojo republicano en el centro del país. Ahora el retrato es más complejo.

La victoria histórica de Barack Obama en 2008, el primer presidente negro del país, y su agenda progresista provocó una reacción contraria azuzada por el Tea Party, organizaciones populares de derechas, que empezó a exacerbar las diferencias: la brecha ya no era geográfica, sino identitaria. El triunfo de Donald Trump en 2016 mostró que la división real en EE.UU. era entre lo urbano y lo rural, entre las ciudades progresistas -incluso en estados muy republicanos- y la América tradicional. Trump obtuvo en aquellas elecciones tres millones de votos menos que Hillary Clinton, pero se apuntó la victoria porque fue una apisonadora en el campo y porque arrebató territorio a los demócratas en las zonas industriales deterioradas.

Las elecciones de ayer solo han reforzado esa división. Los resultados prueban una lealtad total de las zonas rurales a Trump. Pero en esos mismos estados tradicionales, los demócratas han ganado posiciones en los suburbios, antes de fuerte implantación republicana. Por ejemplo, en Texas, donde un demócrata no gana una elección estatal desde hace 24 años, varios escaños en distritos suburbanos cayeron del lado demócrata. En Dallas, un diputado republicano, Pete Sessions perdió su puesto ante un ex jugador de fútbol americano. En Houston, un peso pesado conservador, John Culberson, perdió su escaño ante Lizzie Fletcher, una cara nueva demócrata. Lo mismo ocurrió en otros distritos republicanos de Misuri o Virginia.

La grieta va más allá, según muestran los primeros sondeos a la salida de las urnas: la guerra identitaria que ha desatado Trump -miedo al inmigrante, mensaje con tonos racistas y misóginos- ha centrifugado al electorado entre aquellos que no tienen estudios universitarios y quiene sí tienen, entre blancos y minorías raciales, entre hombres y mujeres. La brecha tiene ahora una intimidad desconocida: en los distritos decisivos para la Cámara de Representantes, muchos en zonas tradicionalmente conservadoras, los demócratas tuvieron doce puntos porcentuales más de apoyo que los republicanos del voto femenino, según un estudio de The Washington Post-Schar School. Entre mujeres blancas con estudios universitarios, la diferencia es de 20 puntos a favor de los demócratas. Los hombres blancos con estudios, dieron 12 puntos más de apoyo a los republicanos. Es un escenario en el que la división llega a la cama de matrimonio.

La brecha tiene un reflejo en la nueva configuración del Congreso, en el que los representantes de cada partido cada vez se parecen menos: en las bancadas demócratas, habrá muchas más mujeres y minorías; en las republicanas, casi todo hombres blancos. Y otra constatación en los sondeos: varias encuestas de medios estadounidenses apuntaban a que alrededor del 80% de los estadounidenses considera que EE.UU. está más dividido que nunca.

«El país está harto de la división», proclamó la líder demócrata Nancy Pelosi, que apunta a ser recuperar el cargo de presidenta de la Cámara de Representantes, en la celebración de los resultados. La realidad es que nada indica que la brecha vaya a corregirse. La lógica de la carrera política de Trump apunta a que volverá a apoyarse en un mensaje de confrontación para repetir en 2020 el éxito de 2016. Los demócratas, por su lado, aprovecharán su mayoría en la cámara baja para torpedear a Trump y desacreditarle como presidente.