Dimite Omar al Bashir, presidente de Sudán, después de 30 años en el poder

Las Fuerzas Armadas se han desplegado este jueves en torno a la sede del ministerio de Defensa y en carreteras y puentes clave de Jartum

Corresponsal en JohannesburgoActualizado:

Las multitudinarias protestas de los últimos días en la capital de Sudán, Jartum, han forzado la dimisión del presidente del país, Hasán Al Bashir, como ya sucediera con su homólogo argelino Abdelaziz Buteflika hace apenas 10 días. Al Basir, en el poder desde 1989, ha presentado este jueves su renuncia para dar paso a un consejo militar de transición que gestionará el rumbo del país durante los próximos dos años, según anunciaron fuentes gubernamentales. Al Bashir, de 75 años, se encuentra bajo arresto domiciliario en la residencia presidencial ubicada en la sede del ejército.

El Ejército se ha desplegado desde primera hora de la mañana en carreteras y puentes clave de la capital y en torno a la sede del Ministerio de Defensa, donde había miles de manifestantes congregados que han estallado en júbilo al conocer la noticia confirmada por un ministro provincial. «¡Ha caído, hemos ganado!», coreaban los presentes algunos de los cuales llevan cinco noches acampados ante la sede militar y los que han anunciado que no aceptarían un gobierno militar para suceder al presidente Al Bashir. Mientras la cadena de televisión y radio local hacían sonar canciones patrióticas y marchas militares, lo que algunos medios describen como un preámbulo a un cambio de régimen.

La cadena Al-Hadath señala que cerca de 100 allegados al mandatario también han sido detenidos; entre ellos, el actual presidente del partido gobernante Congreso Nacional, Ahmed Mohammed Haroun, el exministro de Defensa, Abdel Rahim Mohammed Hussein, y el exvicepresidente primero, Ali Osman Mohammed Taha. Está previsto que las Fuerzas Armadas hagan una «declaración importante» en las próximas horas. Los manifestantes han dicho que no aceptarán un gobierno militar; las elecciones presidenciales están previstas para el año que viene.

A principios de esta semana, Estados Unidos, Gran Bretaña y Noruega se posicionaron, por primera vez, a favor de los manifestantes: «Ha llegado el momento de que las autoridades sudanesas respondan a estas demandas populares de manera seria», decía el comunicado realizado por las embajadas de estos países en Jartum. Además, hicieron un llamamiento a una transición del poder pacífica: «Las autoridades sudanesas ahora deben responder y entregar un plan creíble para esta transición política. El no hacerlo conlleva el riesgo de causar mayor inestabilidad. El liderazgo sudanés tiene la seria responsabilidad de evitar tal resultado», reza el comunicado.

Imputado por genocidio

El largo mandato de Al Bashir, que accedió al poder mediante un golpe de Estado en 1989, ha estado empañado por importantes crisis y su figura ha generado profundas divisiones por su forma de abordar las numerosos crisis internas, sus abusos contra los derechos humanos y por su enfrentamiento con Occidente. Sudán ha sufrido largos períodos de aislamiento desde que Estados Unidos incorporó en 1993 al país africano a su lista de estados patrocinadores del terrorismo por dar refugio a terroristas islamistas. Su máximo dirigente hasta el momento, que abandonó la jefatura del partido gobernante en marzo, está imputado por el Tribunal Penal Internacional con cargos de genocidio durante la campaña contra la insurgencia que se inició en 2003 que dejó, al menos, 300.000 muertos en la región sudanesa de Darfur. Sin embargo, la orden de arresto no se ha ejecutado hasta el momento.

En sus treinta años en el cargo, el Bashir no ha logrado llevar la paz o la prosperidad a la gran nación, que destaca por su diversidad étnica y religiosa.

Muchas crisis

La última crisis de la administración de Al Bashir arrancó el 19 de diciembre tras el intento de su administración de subir el precio del pan. Sudán se encuentra inmerso en una grave crisis económica que ha derivado en escasez de combustible y dinero en efectivo, algo que aqueja también a otros países africanos como Zimbabue. La difícil situación del país llevó a los sudaneses a salir a las calles para protestar contra el gobierno del veterano líder; las muestras públicas de rechazo han ido en aumento hasta convertirse en el mayor desafío en las tres décadas Al Bashir como presidente. Tanto es así que el pasado 22 de febrero se declaró el estado de emergencia y, poco después, destituyó a prácticamente todo su y nombró militares al frente de las regiones. La crisis llegó a su punto álgido el 6 de abril cuando miles de manifestantes empezaron a acampar ante el Ministerio de Defensa, en el centro de Jartum, donde se encuentra la residencia oficial del presidente.

Los enfrentamientos entre la agencia de espionaje y de la policía antidisturbios y los manifestantes dejaron el martes once muertos, incluidos seis militares según confirmó el Gobierno. Los funcionarios del gobierno dicen que 49 personas han muerto en actos de violencia relacionados con las protestas desde diciembre; mientras que los activistas elevan la cifra a 60.

La «reina nubia»

El vídeo de una mujer liderando los cánticos en las masivas protestas antigubernamentales de Jartum se ha vuelto viral en las últimas horas, convirtiendo a su protagonista, Alaa Salah, en el icono de la revolución sudanesa. «Nos quemaron en nombre de la religión, nos mataron en el nombre de la religión, nos encarcelaron en el nombre de la religión», cantaba la joven ataviada con un vestido blanco tradicional sudanés y subida al techo de un coche. Su valentía le ha valido el apodo de «Kandaka», que significa «Reina de Nubia» y se ha convertido en la cara de un movimiento popular que ha terminado con treinta años de gobierno tirano de Al Bashir.