Un manifestante hace la señal de victoria frente a unos soldados - REUTERS

El Ejército legitima la revuelta contra Mubarak

La oposición planea movilizar hoy a un millón de personas para exigir el fin del régimen. Y los militares aseguran que sus aspiraciones son «legítimas»

laura l. caro
el cairo Actualizado:

Un millón de egipcios en la calle para decir «No» a media docena de reformas demasiado pequeñas y demasiado tardías. A la misma hora en que el lunes corría de boda en boca el llamamiento a sumarse hoy a otra movilización gigantesca contra Hosni Mubarak, el rais aparecía en al televisión tomando juramento a su presunto nuevo Gobierno, «los mismos ministros, aunque cambiado de cartera», ridiculizaban en la Plaza de Tahrir los manifestantes.

Mubarak ha sacado de su gabinete a algunos de los magnates y colegas de su hijo Gamal, odiados como la banda de corruptos que ha saqueado el país con la salvaje liberalización económica de las últimas décadas. Pero ni eso, ni el sacrificio del titular de Interior, Habib el-Adly —el jefe de la represión brutal y responsable de la tortura dentro de la cárceles, cuya cabeza llevan años pidiendo los egipcios—, conmovía lo más mínimo. Su sustituto es uno de sus cómplices, Lahmmund Wagdi, un general de la Policía retirado, que nunca tendrá oportunidad de ejercer el mando que le ha tocado, según sueñan ya los más confiados.

«La gente está harta pero hay mucho optimismo, tenemos el mensaje claro de que Mubarak se va a ir en una semana, es obvio. Hasta Estados Unidos le ha dicho ya que habrá una transición sin violencia», se prometía uno de los muchos jóvenes que han empezado a instalarse con tiendas de campaña en la céntrica plaza Tahrir con el propósito de no marcharse de allí «hasta que no se marche Mubarak».

El propio Ejército —el dueño de la situación en el país— dio ayer un respaldo esencial a la oposición, al asegurar que no empleará la fuerza contra la macromanifestación de hoy. Incluso señaló que «son legítimas» las demandas de los manifestantes. No especificaron cuáles son esas «legítimas demandas». Lo que sí está claro es que la reclamación más repetida es la exigencia de que se marche Mubarak.

Aunque nada está ganado en este pulso que suma ya 125 muertos en todo el país. A la caída de la noche, y en previsión de la «manifestación del millón», nuevas columnas de tanque se desplegaban en los puntos estratégicos de la capital. La calle es de los soldados y del toque de queda, aunque nadie lo respeta. Por primera vez en esta crisis, las tropas comenzaron ayer a pedir la documentación a extranjeros y nacionales en lo que podría ser un avance del control de movimientos que se extremará hoy.

En la cita estarán todos los partidos y grupos opositores, incluidos los Hermanos Musulmanes que desde hace días se preparan para formar un gabinete de transición casi asambleario para cuando llegue «la victoria». Hay consenso sobre la figura del premio Nobel egipcio Mohammed El Baradei para encabezar ese gobierno temporal, que tendría como fin llevar en unos meses al país a unas elecciones presidenciales limpias. El Baradei no gusta del todo a nadie. Los mensajes de que su liderazgo va a ser solo provisional son constantes. Pero no hay otro nombre. Con treinta años de leyes de excepción, Mubarak ha triunfado a la hora de impedir que en el imaginario social egipcio crecieran identidades política alternativas a la suya. El encarcelamiento durante más de tres años de Ayman Nour, el hombre que en 2005 osó desafiarle en las urnas y obtuvo un titánico 7 por ciento de los votos, es el ejemplo de cómo el régimen se ha sacudido a los opositores

En un intento desesperado por frenar este movimiento, el vicepresidente, Omar Suleiman, anunció su disposición a abrir un diálogo con todos los partidos políticos con vistas a llevar a cabo una reforma de la Constitución. Se trata de una demanda de la oposición, pero no la más importante. La importante es que Mubarak se marche de inmediao. No parece que vaya a tener mucho efecto el anuncio.

Víctima colateral de la convulsión que sufre Egipto está siendo su economía. El ministro de finanzas, Samir Radwan, advertía ayer de que «la situación es grave» y culpaba a la población de estar «sacrificando a todo el país». La OPEP añadía dramatismo al advertir que, si el Canal de Suez se ve afectado, podría producirse «una penuria petrolera». Las autoridades desechaban esa idea subrayando que la instalación funciona «a plena capacidad», pero lo que es cierto es que otros sectores tan fundamentales como el turismo si se están resintiendo profundamente. Fuente de 12.000 millones de dólares al año para las arcas nacionales, el tráfico de viajeros se ha frenado en seco con esta crisis.