EE.UU. denuncia que hay más de un millón de personas detenidas en los campos de concentración de Xinjiang

EP
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El secretario estadounidense asistente de Defensa para Asia Pacífico Randall Schriver ha denunciado este viernes que más de un millón de personas estarían detenidas en los «campos de concentración» ubicados en Xinjiang, donde se concentran los uigures, de confesión musulmana, una minoría étnica que ha sido sometida a duras represiones por parte de Pekín.

Por su parte, las autoridades chinas han señalado durante los últimos meses que no se trata de campos de concentración, sino de centros de ingreso voluntarios cuya finalidad es combatir la ideología extremista que, según denuncian, tratan de propagar los radicales uigures en Xinjiang.

Dos personas detenidas en esta localidad han explicado en declaraciones a la agencia Reuters que fueron torturadas durante los interrogatorios, que vivían en celdas abarrotadas y que fueron sometidos a un régimen diario de adoctrinamiento que llevó a algunas personas a quitarse la vida. Es más, han destacado que algunas de las instalaciones están rodeadas de alambre y torres de vigilancia.

«El Partido Comunista Chino está utilizando a las fuerzas de seguridad para encarcelar masivamente a musulmanes en estos campos de concentración», ha criticado Schriver durante una sesión informativa celebrada en el Pentágono donde se ha estimado que el número de personas detenidas podría superar los tres millones.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, se refirió este jueves a estos campos utilizando el término «campos de reeducación» y calificó esta situación como una reminiscencia de la década de 1930. El Gobierno estadounidense ha sopesado el imponer sanciones contra altos cargos chinos en Xinjiang, una región en la que viven millones de uigures y otras minorías étnicas musulmanas.

China, por su parte, ha advertido de que tomará represalias contra cualquier sanción estadounidense. Las autoridades norteamericanas consideran que China ha criminalizado muchos aspectos de la práctica religiosa y cultural en Xinjiang, como por ejemplo la prohibición de que los padres pongan a sus hijos nombres uigures.

Al margen de estos campos, periodistas, académicos y activistas han denunciado un acoso permanente a los uigures en Xinjiang que incluyen puestos de control y recolección masiva de ADN. Los defensores de los Derechos Humanos aseguran que imperan una especie de ley marcial.