El presidente Moreno, a la derecha, y el relator de libertad de expresión de la región, Edison Lanza
El presidente Moreno, a la derecha, y el relator de libertad de expresión de la región, Edison Lanza - EFE

Ecuador abandona el bloque bolivariano por la crisis venezolana

La izquierda regional, ALBA, se queda casi reducida a Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua

Corresponsal en QuitoActualizado:

La indolencia del gobierno de Nicolás Maduro ante la crisis humanitaria de los venezolanos y el éxodo de ciudadanos de ese país que en Ecuador tiene un enorme impacto, a pesar de haber impuesto el pasaporte como requisito para ingresar, es la gota que derramó el vaso para que abandone la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), aunque las posiciones políticas del gobierno de Lenín Moreno han sido cada vez más distantes de esta organización, nacida en la Habana, en 2004, por inspiración de Fidel Castro y Hugo Chávez.

 Es muy bueno para el Ecuador. Yo he venido pidiendo numerosas veces, es un grupo que no significa nada», dice el embajador Mauricio Gándara, al comentar el sorpresivo anuncio del canciller ecuatoriano, José Valencia, de que Ecuador deja la ALBA, arguyendo la falta de voluntad política del gobierno de Venezuela para solucionar la crisis de sus ciudadanos, que huyen de la miseria y la violencia.

Para algunos observadores, la presencia de Ecuador en la ALBA se había vuelto incómoda, tras la llegada a la Cancillería (Ministerio de Exteriores), de José Valencia, diplomático de carrera, en reemplazo a María Fernanda Espinosa, defensora del bolivarianismo y cercana a Nicolás Maduro y Daniel Ortega.

«Se veía venir este cambio, estaba frenado por la presencia de la canciller Espinosa», confirma León Roldós, exvicepresidente de Ecuador. Para él, la ALBA, que anunció consolidaría un modelo político-económico, basado en el socialismo, «se volvió una mafia». María Fernanda Espinosa es, hoy, presidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas. Como canciller de Ecuador visitó Caracas tras la elección de la Asamblea Constituyente, que desbancó a la mayoría opositora en la Asamblea Nacional, en lo que se consideró un espaldarazo al oficialismo, y que fuera rechazado por amplios sectores en el Ecuador.

El giro de Lenin Moreno

La llegada de José Valencia ha supuesto una ruptura en la política exterior ecuatoriana. Casa adentro, no solo que reincorporó a la Cancillería a numerosos diplomáticos de carrera que fueron cesados o dieron un paso al lado en la década que gobernó Rafael Correa, sino que reabrió la Academia Diplomática, cerrada durante la «revolución ciudadana», debido a la animadversión del expresidente a quienes solía llamar «momias cocteleras». Correa fortaleció el IAEN, un instituto de formación de funcionarios, que copó con profesores de izquierda, entre ellos algunos españoles.

A Valencia, que ha sido contundente para cuestionar las políticas de Daniel Ortega y Nicolás Maduro, le correspondió recibir, en junio, al vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence. En esa visita, el presidente Lenín Moreno firmó acuerdos de cooperación, incluso, en temas de seguridad, materia que ahora está a cargo de Oswaldo Jarrín, un general retirado, que años atrás ya ocupó el Ministerio de Defensa. Además, Moreno ha dicho, en plena crisis de violencia en Nicaragua, aunque sin mencionar el nombre del país, que «no hay democracia dónde hay muertos».

El giro de Moreno a la política exterior hoy va aparejado al que ha ya ha dado en política interna, al haberse acercado a los sectores empresariales. Su ministro de Finanzas, Richard Martínez, renunció al Comité Empresarial, para asumir el cargo. También Moreno alienta la libertad de expresión y se ha aproximado a los medios y a los periodistas, y ha mostrado determinación para luchar contra la corrupción.

En las relaciones internacionales, lo ha hecho de manera progresiva y a partir de la salida de Espinosa. Meses atrás, en una de las últimas sesiones de la OEA (Organización de Estados Americanos). Ecuador se abstuvo en una votación que condenaba a Venezuela cuando antes votaba siempre en defensa de Caracas. El voto, justamente, lo dio Valencia, entonces embajador ante la OEA.

Idea de Castro y Chávez

La Alianza Bolivariana, fue creada en La Habana, por Fidel Castro y Hugo Chávez, en 2004, para oponerse a la propuesta de Estados Unidos de un Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y propiciar la expansión del socialismo con los gobiernos de esa tendencia que surgieron en esos años. Pronto se unieron Nicaragua y Bolivia y naciones del Caribe. Ecuador lo hizo en 2009, durante el mandato del presidente Rafael Correa, que lideraba la llamada «revolución ciudadana».

Observadores sostienen que hoy se abre el camino para que se exija, con más fuerza, elecciones libres en Venezuela. Al anunciar la decisión, junto a otros ministros, el canciller reiteró que el gobierno ecuatoriano mantiene «una posición de principios»; que no se alineará con «ningún grupo en particular en la propuesta de que el problema de los venezolanos sea resuelto entre ellos, en el marco democrático», lo que ha sido interpretado que no se unirá al Grupo de Lima, que pretende sanciones al gobierno venezolano de Maduro. De todos modos, el cambio de la postura de Ecuador es contundente. «Moreno se ha liberado de Correa», comenta a ABC el embajador Mauricio Gándara.