El canciller alemán, Gerhard Schröder, levanta los pulgares en señal de triunfo tras su discurso en los sindicatos durante la campaña electoral. Reuters

La economía alemana da el primer disgusto a Schröder en la campaña

Un revitalizado Gerhard Schröder convocó ayer a las alicaídas huestes socialdemócratas a prepararse para la batalla y venderse caros ante el avance de «las columnas» conservadoras. Sin embargo la economía volvió a jugarle la mala pasada de producir coincidentemente nuevos datos adversos, mostrando un creciente desempleo y una menguante confianza empresarial.

RAMIRO VILLAPADIERNA. Corresponsal
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BERLÍN. «Quiero prevenir contra conjeturas militares». El mensaje de Schröder saltó por encima de los miles de obreros, que asistían al primer mitin socialdemócrata, para dirigirse a Washington: «Y quiero decir a aquellos que están preparando planes para tales acciones, que piensen no sólo en cómo van a hacerlo, sino en tener un concepto político».

El canciller alemán se ha visto urgido a adelantar de improviso su campaña electoral, ante la creciente ventaja de la coalición democristiana; ayer daba la salida desde su Hannover natal, buscando hacer mella en ese persistente 30 por ciento de indecisos e inyectar confianza en sus desalentados seguidores, pero la estrategia parecía consistir en tirar a Washington para dar a su crecido rival, el conservador Edmund Stoiber.

En las imágenes de Hannover mostradas por las cadenas, sus advertencias sobre Irak, el entusiasmo de los obreros de las primeras filas y los últimos informes económicos se cruzaban de modo dispar. «Estamos dispuestos a ser solidarios» con los aliados, dijo Schröder recordando sus promesas de «ilimitada solidaridad» con EE.UU. tras los atentados de septiembre. «Pero este país no estará dispuesto a aventuras, en tanto yo esté a su frente». El índice de la preocupación económica acentuaba sin embargo otros aspectos de la realidad alemana. Según el Bild, la oficina de desempleo confirmará hoy un aumento del paro de 3,95 millones a 4,11 en julio.

«La economía mundial no está para soportar nuevos problemas», argumentó Schröder en la primera de las 47 localidades que visitará en 48 días. Sobre todo la economía alemana, tan dependiente de la exportación y para la que tres importantes bancos recortaban ayer sus perspectivas de crecimiento: No superará el 1 por ciento en 2002.

Irak al margen, y para el asunto de la desfallecida economía local, el canciller llamó la atención a los empresarios, pidiéndoles una mayor responsabilidad social e invitándolos a mirar más allá de sus cuentas de resultados: «Quienes tienen poder económico deben ser responsables ante la sociedad». El desplome en las bolsas y el alza del euro siguen dañando las perspectivas de la primera, pero más estancada, economía de la Unión Europea.

El respetado índice Ifo volvió a hacer ayer de la incertidumbre la principal variable económica y la Federación de la Industria (BDI) reconoció que el sector no contribuiría este año nada al crecimiento. Peor aún, algunos analistas deslizaron por primera vez la posibilidad de un re-enfriamiento económico que postergaría el principio de la recuperación en otros seis meses. El instituto berlinés DIW rebajaba simultáneamente la expectativa de crecimiento para este año a un 0,6 por ciento, del 0,75 esperado por el Gobierno.

«Hemos hecho mucho», se defendió el canciller, «pero no lo hemos logrado todo». La autocrítica parecía bastante precisa. Mucho más animado que en los últimos meses, Schröder calculó que lo habían recibido, en la ciudad donde fue presidente federado durante ocho años, más de diez mil asistentes; pero la Policía redujo el número a la mitad. Sin haberlo hecho mucho peor que mejor, estiman algunos comentaristas, la estrella de Schröder parece desvanecerse en las últimas semanas y con ella la esperanza de un nuevo curso para la compleja y añosa izquierda alemana.

Su imagen preferida de «hombre de acción» ha parecido sepultada progresivamente por la falta de ideas y la sobra de problemas. Algunos analistas sugieren que el canciller estaría perdiendo pie: «Schröder ya no tiene la situación bajo control», opinaba en la emisora «N24» un experto del instituto sociológico Emnid.