Trump se atribuye el boicot a Qatar por «financiar el extremismo»

«Durante mi reciente viaje a Oriente Próximo dije que no podía seguir habiendo financiación de la idelogía radical», ha señalado Trump en un mensaje

Corresponsal en WashingtonActualizado:

Cuando aún no se apagado su encontronazo con el alcalde de Londres, el musulmán Sadiq Khan, a quien acusó de tibieza con el terrorismo tras el ataque que costó la vida a siete personas, Trump vuelve a mostrar su interés en liderar cualquier iniciativa encaminada a combatir el yihadismo.

El presidente no pudo eludir la euforia este martes, después de que los países vecinos del Golfo Pérsico anunciaran la ruptura de relaciones con Qatar por sus conexiones de apoyo al terrorismo, en la que se considera la crisis más grave en la región desde la invasión de Kuwait a cargo de Irak y la posterior guerra que desató.

Tras su reciente gira por Oriente Próximo, en la que tuvo como principal parada Riad, donde visitó al rey Salman de Arabia Saudí, con la presencia de líderes de otros cincuenta países del área, este martes irrumpió en Twitter para atribuirse la ruptura. Para que no hubiera dudas, Trump recordó que había transmitido a los mandatarios árabes la necesidad de que «endurecieran sus medidas para cortar la financiación del extremismo», en una conversación en la que «se señalaba a Qatar».

Paradójicamente, el presidente estadounidense también se entrevistó por aquellos días en Riad con el emir qatarí, Tamim bin Hamad Al Zani. Un encuentro tras el cual Trump afirmó: «Hemos sido amigos durante mucho tiempo y mantenemos una extraordinaria relación. También hemos hablado de un bonito equipamiento militar».

No debía de pensar lo mismo su interlocutor, cuando cuatro días después se descolgó en la agencia de noticias estatal qatarí, QNA, con unas declaraciones en las que hablaba de «tensiones» con la Administración Trump, además de cuestionar la enemistad de los países del Golfo con Irán.

Pese al desmentido oficial, las palabras del emir han desembocado en la decisión de los gobiernos de Arabia Saudí, Baréin, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Egipto de romper relaciones diplomáticas con Qatar, a quien se acusa de vínculos con la financiación del terrorismo, según anunciaron el lunes.

Cierre de fronteras por tierra, mar y aire

La medida supone el cierre de las fronteras por tierra, mar y aire, así como la obligatoriedad para sus compatriotas de abandonar la pequeña península árabe en el plazo de quince días. Posteriormente, otros ejecutivos, como el reconocido internacionalmente de Yemen, presidido por Abdo Rabu Mansur Hadi, y el que está asentado en el este de Libia, se sumaron a la decisión.

Además de su creciente cercanía a Irán, el eterno enemigo chií del suní Arabia Saudí, en la decisión de los vecinos del Golfo prevalece la información que manejan Washington y Riad sobre los lazos financieros de Qatar con organizaciones terroristas, entre ellas Hamás, también apoyada por Teherán. Pero no sólo. Directa o indirectamente, se le acusa también de nexos con Daesh (ISIS) y Al Qaida, y con movimientos extremistas como los Hermanos Musulmanes, en Egipto.

La crisis abierta con Qatar abre interrogantes sobre una nueva estrategia de Estados Unidos en el Golfo, teniendo en cuenta que Washington cuenta con una importante base militar a treinta kilómetros de Doha, al sur de la capital qatarí, que integran 11.000 personas. Un complejo que en 2016 permitió al ejército norteamericano llevar a cabo numerosas operaciones de bombardeo contra posiciones de Daesh en Irak y Siria. Para ello, los aviones B-52 despegaron de una base que tiene capacidad para 120 aparatos.