Doce muertos y 25 heridos por los disparos de un taxista

Doce muertos y 25 heridos por los disparos de un taxista

EMILI J. BLASCO | CORRESPONSAL EN LONDRES
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A Derrick Bird, taxista de 52 años, le llamaban cariñosamente Birdy, pero este miércoles no hizo honor a ese diminutivo (algo así como “pajarito”) ni fue el hombre “tranquilo” y “popular” que todos decían conocer. Utilizó dos armas para disparar a sangre fría contra sus conciudadanos del apacible condado de Cumbria, en el noroeste inglés: mató a doce y dejó heridos a 25, tres de ellos en estado crítico. Tres horas después de haber comenzado la matanza, para la que llegó a recorrer diversas poblaciones y disparó hasta en treinta localizaciones distintas, se suicidó en los bosques del parque natural de Lake District. Era aficionado al tiro. Estaba divorciado, tenía dos hijos mayores y acababa de ser abuelo. Ha sido la mayor matanza a tiros en el Reino Unido en un cuarto de siglo.

La Policía aún no ha proporcionado ninguna hipótesis sobre las razones de la matanza, ni aclaró si el ataque había sido premeditado o se trataba de una idea que le sobrevino, con la elección de víctimas al azar. Taxista autónomo durante 23 años, Bird comenzaba su turno tras la comida y trabajaba hasta medianoche. La noche anterior había tenido una disputa con sus colegas, según han recordado los vecinos de Whitehaven, población costera en la que solía esperar la llamada de clientes. Su primeras víctimas, a las 10.35 de la mañana, fueron en Whitehaven sus compañeros taxistas. Disparó contra tres de ellos y mató a dos. Al parecer llevaba una escopeta y un rifle con mira telescópica. A partir de ahí empezó su huida hacia adelante, al volante de su citroën Picasso de color gris, desde el que disparaba a través de la ventana.

Tras los primeros incidentes, la Policía lanzó una operación para atrapar a Bird, perseguido por coches patrulla y por helicópteros. Los agentes pidieron a los residentes de diversas áreas que no salieran a la calle por temor a que el francotirador llegara y abriera fuego. La persecución le llevó hasta el pueblo de Boots, donde chocó y tuvo que dejar el automóvil. Dos personas quisieron ayudarle, pero no les disparó. Se internó en el bosque y allí se suicidó. La Policía confirmó luego haber encontrado su cadáver.

La llegada de heridos obligó al West Cumberland Hospital de Whitehaven a cancelar todas las operaciones rutinarias y reservar los servicios de urgencia en exclusiva para este caso. El hecho de que se produjeran algunos tiroteos fuera de los núcleos urbanos dificultó en un principio saber con seguridad el número de víctimas. Una de ellas, por ejemplo, fue un granjero que estaba en medio del campo.

Uno de los médicos que atendió a las víctimas se mostró sorprendido por la “ferocidad los disparos” y la arbitrariedad de la localización de las heridas. “No había visto nada igual”, declaró.