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La división de la derecha amenaza con dar la Alcaldía de París a un socialista

Todos los sondeos anuncian en Francia un cambio sin precedentes en las elecciones municipales del 11 y el 18 del próximo mes de marzo: por vez primera desde que el alcalde de París es elegido por medio del sufragio universal, desde 1977, la capital de Francia parece dispuesta a elegir un candidato socialista, poco conocido, hasta hoy.

PARíS. Juan Pedro Quiñonerocorresponsal
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Ese candidato poco conocido se va a beneficiar ante todo de la división suicida del centro-derecha, víctima de los enfrentamientos y los escándalos. Según los últimos sondeos de Liberation y Radio Tele Luxemburgo (RTL), el 53 por ciento de los parisinos estiman que Bertrand Delanoë (50 años), socialista, desconocido del gran público, pudiera ser un buen alcalde para París, mientras que Philippe Séguin (57 años), conservador, ex-ministro, ex-presidente de la Asamblea Nacional, diputado, sólo cuenta con un 33 por ciento de opiniones positivas entre los electores parisinos.

BATALLA EMBLEMÁTICA

A escala nacional, el centro-derecha puede aspirar a una mayoría relativa en muchas grandes ciudades y capitales de provincias, como Lyon, Burdeos o Marsella. Sin embargo, la batalla de París tiene un carácter emblemático, por muchas razones: porque Francia continúa siendo un país muy centralizado, porque París posee un peso político excepcional, porque izquierda y derecha han deseado dar a las escaramuzas parisinas un alcance evidente nacional.

Jacques Chirac, presidente de la República, no oculta su «preferencia personal» por la candidatura de Philippe Séguin, mientras que no es un secreto que Bertrand Delanoë ha sido, desde hace años, un miembro de la guardia pretoriana personal de Lionel Jospin, primer ministro. Ese duelo en la cumbre, a través de candidatos interpuestos, oculta muchas otras batallas, de alcance nacional.

Históricamente, París sólo elige a su alcalde por medio del sufragio universal, directo, desde 1977, tras una iniciativa personal de Valery Giscard d’Estaing. Con el brevísimo paréntesis de la primera cohabitación (1986-88), hasta 1995, el año de su elección a la jefatura del Estado, Jacques Chirac fue el alcalde único y sucesivo de París, reelegido triunfalmente una y otra vez, durante dieciséis años. Conquistada la Presidencia de la República, en el 95, Chirac «pasó» la Alcaldía de París a un personaje menor, Jean Tiberi, que había sido un amigo fiel y precipitó una larga serie de crisis y escándalos, que han tenido un efecto devastador.

Media docena de jueces instruyen varios escándalos, que siempre terminan planeando por la «herencia Chirac». Por su parte, Tiberi y su esposa llevan cinco largos años batallando con sucesivos escándalos, que han convertido la capital en un campo de ruinas para su propio campo.

CANDIDATOS RIVALES

Negándose Tiberi a dimitir, los partidos del centro-derecha tuvieron la idea de presentar un candidato único de unión, Philippe Seguin, un peso pesado de la política nacional. Con lo cual, el electorado moderado, centrista y conservador, está hoy condenado a elegir entre dos candidatos rivales, mientras que el candidato socialista se beneficiará del reflejo unitario de su propio campo.

Para complicar la batalla en curso, los electores de París no eligen directamente a un candidato único: eligen, primero, a los alcaldes de veinte distritos, que, a su vez, son ellos quienes eligen al alcalde de la capital. Hasta hoy, los candidatos socialistas se cotizan como posibles vencedores en una mayoría de distritos, augurando un gran cambio histórico en la capital, mientras que los escándalo y el enfrentamiento fratricida de los partidarios de Seguin y Tiberi parecen favorecer un voto de castigo para la mayoría municipal de centro-derecha.

Los equilibrios de poder municipal pudieran ser favorables al centro-derecha en el resto de Francia, pero la Alcaldía de París tiene una dimensión simbólica sencillamente excepcional. De ahí que las próximas municipales se perciban como un enfrentamiento cuyo alcance político real y profundo irá mucho más allá de la Alcaldía de la capital.

La derecha también corre peligro de perder Lyon (sureste), Nancy (este) y guardar Aix-en-Provence (sureste), Lille (norte), Nantes y Rouen (oeste), pero Dole (este) y Aviñón (sureste) a las que aspiran, respectivamente, las ministras Dominique Voynet (Verde) y Elisabeth Guigou (socialista) parecen más difíciles de conquistar.