¿«Dignitas» en el fango del lago?

El último destino del turismo suicida: Varias docenas de urnas de cenizas aparecen en el lago de Zürich

RAMIRO VILLAPADIERNA | BERLÍN
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La visión ha sido siniestra, dicen los buceadores que se han topado, entre el cieno del fondo del elegante lago de Zürich, con docenas de urnas con las cenizas de otros tantos difuntos.

La policía cantonal sospecha del fundador de una organización de asistencia al suicidio, el ex periodista jubilado Ludwig A. Minelli. Sigue en ello a las acusaciones de actuación impropia de Dignitas, por parte de antiguos empleados.

Las sospechas en torno a la empresa mortuoria no son nuevas y hace tiempo que circulan, en este selecto centro financiero, rumores sobre el fundador y promotor de Dignitas y el destino que se estaban dando a los restos de sus clientes.

Las urnas y restos han aparecido a decenas de metros apenas de la llamada costa dorada del gran lago suizo, donde se encuentran algunos de los embarcaderos y villas más lujosos de Europa.

Las autoridades califican como "horroroso" el hallazgo y la actuación como "lamentable", reconociendo que algunas de las urnas estaban abiertas y que los buceadores han encontrado asimismo huesos y otros restos humanos. Una empresa crematoria de Zürich está bajo investigación.

Soraya Wernli, una ex colaboradora, explica a la prensa local que "cuando se le juntaban a Minelli en el sótano, a veces hasta diez o doce urnas, procedía a arrojarlas al lago". Antes, al parecer, el empresario fúnebre se preocupaba de arrancar las placas, grabados y bordes de las urnas, "a martillazos o con un destornillador".

Una portavoz de la oficina responsable del tanatorio municipal no ha preferido no entrar en disquisiciones, durante la investigación, pero confirma apenas que "las urnas no se caen al lago por sí solas y juntas".

Última voluntad ignorada

Minelli no habría podido disputar al menos uno de los casos, que ha puesto al descubierto el centenario periódico de la ciudad, el Neue Zürcher Zeitung. Se trata del caso de una ciudadana alemana, citada como Martha H., de la ciudad báltica de Kiel, cuyos deudos habrían solicitado los restos para que fuese enterrada junto a su marido.

Apenas sólo recibieron ya una carta, notificándoles que desgraciadamente no quedaba ya nada de su famliar, pues las cenizas habrían sido ya arrojadas al lago. La carta está firmada por Minelli.

Éste es un antiguo abogado y corresponsal del semanario Spiegel de 77 años, que coincidentemente se ocupó durante mucho tiempo de gestionar la seguridad social de los periodistas locales.

Junto a las frecuentes acusaciones de que ha sido objeto, Minelli se defiende ahora de la acusación de los familiares alemanes de que habría "ignorado gravemente la voluntad de un moribundo". Él insiste en que Martha H. le habría dicho a él personalmente en sus últimos momentos que deseaba ser enterrada en el lago.

Ahora la prensa suiza se pregunta si el procesamiento empresarial del fatídico trámite de la muerte no habría optado en realidad por hacer de la necesidad virtud, dada la facilidad de deshacerse así de un cadáver: "¿Las aguas del lago se han convertido por comodidad en la regla?", se pregunta el NZZ.

¿Qué posibilidad tendrían los tránsidos moribundos de sustraerse a la influencia en este sentido de su determinado facilitador? Martha H. había emprendido su último camino hasta Zürich sin notificar nada a su familia de sus intenciones. Naturalmente la familia quiere saber hasta qué punto se desarrolló todo, atendiendo en todo momento al libre albedrío de la mujer, dado que al menos, en lo que respecta a su voluntad de yacer junto a su marido, ésta era claramente otra.

La cadena pública ARD ha revelado que Martha H. realizó un donativo a Dignitas, el mismo día de su muerte, por valor de 91.000 francos suizos (65.000 euros). Anteriormente ya había realizado una donación previa por 71.000 euros.

En Alemania varios medios vienen denunciando la oferta de lo que califican como "turismo suicida" que realizan desde Zürich asociaciones como Dignitas y Exit: "Quien ofrece suicidios, crea demanda", escribe el Frankfurter Allgemeine Zeitung, revelando que la posibilidad de eutanasia, en cambio, en sendos hospitales de Lausana y Ginebra, no recaban ningún cliente.

Sobre los métodos ejecutorios, con helio, de Minelli también ha habido larga controversia y, de hecho, ya no podía atender a sus clientes en su apartamento. Lo hacía en el interior de una caravana en las cercanías.

Ahora, con la aparición de las urnas en el fondo del lago, la nueva causa es por profanar la dignidad de los muertos. La disposición ilegal de difuntos es punible con cantidades respectivas de 30.000 euros. Si se demostrara además intencionalidad económica, la pena "sería muy superior", según la prensa. Minelli no responde ya más a la prensa.