De izquierda a derecha, Johnson, Cameron y Farage
De izquierda a derecha, Johnson, Cameron y Farage - AFP

Diccionario rápido del laberinto del Brexit

El miedo económico por perder un mercado de 500 millones y el nacionalismo y el rechazo a los inmigrantes, claves de las campañas «In» y «Out»

LONDRESActualizado:

ANTECEDENTES

Los ingleses no siempre fueron tan euroescépticos. En 1961 llamaron por primera vez a la puerta del Mercado Común, pero el altivo general De Gaulle los vetó varias veces. Ingresaron por fin en 1973 y dos años después aprobaron en referéndum continuar dentro, con un 67% de apoyo. El Partido Conservador pidió entonces el “sí”. En los noventa, las épicas peleas presupuestarias de Thatcher con Bruselas siembran las primeras semillas antieuropeas en la familia tory, que brotan frondosas cuando su sucesor John Major firma el tratado de Maastricht en 1992. La herida euroescéptica siguió abierta desde entonces en el partido. Cameron quiso cerrarla definitivamente con la consulta y, sobre todo, buscó proteger su flanco electoral derecho ante la crecida de UKIP, partido eurófobo y casi xenófobo que cala en las clases populares inglesas.

BORIS

Se llama Alexander Boris de Pfeffel Johnson y es periodista. Nació en Nueva York hace 52 años y tiene sangre turca (un abuelo), suiza, francesa e inglesa. Aclamado alcalde de Londres durante dos mandatos, hace solo un par de años defendía seguir en el mercado único europeo. Se ha puesto al frente de la campaña Leave para intentar alcanzar así el sueño de su vida, dormir en el Número 10. Ha cultivado el nacionalismo inglés en la campaña y presenta la jornada de mañana como “el Día de la Independencia”. Ha recurrido estos días a numerosos datos y afirmaciones mendaces, como que Turquía va a entrar en la UE ya, o que Londres envía a Bruselas cada semana 350 millones de libras (se probó que son 130). Su padre y sus hermanos apoyan a Remain.

CAMERON

Tremenda encrucijada la de hoy para su carrera. Si gana el referéndum, será a sus 49 años el político más exitoso de la posguerra, con dos victorias electorales -una con la primera mayoría absoluta tory desde 1992- y triunfos en dos referéndums a cara de perro, el escocés y el europeo. Si pierde, él asegura que seguirá en el poder. Pero habrá un motín de tories eurófobos para desalojarlo al momento. Ha reconocido en campaña que es euroescéptico, pero recomienda seguir en la UE por la economía y razones de seguridad.

Cameron trata a Boris, quien se cree mucho más listo que él, con cierto paternalismo. Patricios ingleses, ambos pasaron por Eton y Oxford. Han fingido llevarse bien durante años, pero nunca han sido amigos.

COX

El salvaje asesinato de la diputada laborista Jo Cox, que ayer habría cumplido 42 años, a manos del desequilibrado neonazi Thomas Mair, sacudió y estremeció la campaña. Era una activa pro europeísta y una mujer admirada por su compromiso solidario con los países del tercer mundo y su buen humor. Su marido Brendan, antiguo asesor de Gordon Brown, asegura que “fue asesinada por sus ideas políticas”.

GOVE

El cualificado y sinuoso ministro de Justicia, Michael Gove, escocés de 48 años, ha sido para Cameron el “tú también, Bruto” de esta campaña. David y Samantha eran amigos personales de Gove y su esposa Sarah. Fue adoptado cuando tenía cuatro meses por una familia dueña de una piscifactoría escocesa, que quebró. Culpa a la UE de aquella bancarrota y dice que es lo que lo hizo euroescéptico. Ha derrapado mucho en campaña, abogando por no creer a los expertos. Ayer pidió disculpas por comparar el trato de Remain a Leave con los nazis que se reían de los experimentos de Einstein.

FARAGE

El hombre de las pintas, el inteligente líder populista y populachero de UKIP, ha sigo el garbanzo negro de la campaña. Nadie, ni siquiera Gove y Boris, ha dejado de condenar su bochornoso cartel electoral con una cola de refugiados bajo el lema “Punto de ruptura”. Pero tiene su público. El xenófobo UKIP ganó las europeas de 2014 y obtuvo cuatro millones de votos en las generales de hace un año

PARLAMENTO

Es abrumadoramente europeísta. De los 650 diputados de los comunes, 478 votarán “In” (73,5%) y 159 “Out”, menos de un cuarto. Guardan su secreto el 1,4% de sus señorías.

PERFILES

Escocia, Irlanda del Norte y Londres, por este orden, son los territorios más europeístas. Los que menos East Anglia y las Mindlands, la franja del centro de Inglaterra. El prototipo del perfecto votante del “In” sería una escocesa universitaria, de entre 18 y 29 años, clase alta o media y simpatizante de Los Verdes. El perfecto “outer” sería un varón de más de 60, sin estudios, de clase baja, trabajador manual y votante de UKIP.

PRONÓSTICOS

Las encuestas han ido fluctuando, más bien cerca de un empate. Ayer el barómetro de sondeos de “Financial Times” daba un punto de ventaja a Leave y el del “Telegraph” situaba dos por delante a Remain. El indicador de los mercados del juego, que acierta en el Reino Unido más que la demoscopia, da 76% de posibilidades al “In”, con más de cien millones de libras colocados en la mayor apuesta no deportiva de la historia del Reino Unido. Hay más indicios pro “In”: la libra se apreció fuertemente el lunes y martes y la bolsa, el FTSE 100, subió ayer a las 2.30 (hora española) 50 puntos, su pico más alto en dos semanas. Lo normal es que gane la permanencia.

RAZONES

La campaña del “In” defiende que el país será “mejor, más fuerte y más seguro” dentro de la UE. Pero en la práctica, Cameron y Osborne casi se han limitado a apelar al miedo al shock económico que traería el Brexit. El Gobierno ha dicho que cada hogar perdería 4.500 euros anuales, subirían la cesta de la compra y las hipotecas y se perdería empleo. También han amenazado con un “Presupuesto de Emergencia” en caso de Brexit, con subidas de impuestos y recortes sociales para ahorrar 30.000 millones de libras.

Leave llama a esos augurios económicos el “Proyecto Miedo”. Su discurso es que el país ha perdido democracia y soberanía, inmolados ambos en el altar burocrático de Bruselas, y es hora de “retomar el control”. Alegan que la primera corte británica es ahora el Tribunal de Justicia Europeo. Su gran arma ha sido la inmigración. Recuerdan cada día, a veces con tintes xenófobos, el dato cierto de que Cameron prometió cien mil inmigrantes al año y ahora son 330.000. Nacionalismo sentimental, que se condensa en las apelaciones de Boris que enardecen al público. “El Día de la Independencia”. Como la película de Hollywood.

REPERCUSIONES

Si en la madrugada de mañana hubiese Brexit, algunos bancos globales auguran una devaluación de la libra de hasta el 20% y que el FTSE caería a los 4.900 puntos, dejándose 346.000 millones de libras. El Gobierno ha preparado un plan de emergencia ante la (improbable) salida.

RESPALDOS

Ningún aliado importante histórico del Reino Unido (EE. UU., Canadá, Australia, Nueva Zelanda) apoya el Leave. El FMI, Obama, la OCDE, la patronal británica CBI, la mayoría de los grandes empresarios locales, la City y la gran banca están por la permanencia. Remain recuerda como caricatura –aunque es bastante cierto- que los únicos líderes foráneos que están por el Out son Donald Trump y Marine Le Pen.