Amatrice un año después del terremoto
Amatrice un año después del terremoto - AFP

Un año después del terremoto en el centro de Italia, sigue la emergencia

De las 3.827 casas prefabricadas prometidas por el gobierno, se han entregado poco mas de 500. Solo se ha retirado el 8 por 100 de los escombros de las casas derrumbadas

ROMAActualizado:

La historia italiana de los terremotos, muy numerosos al ser un país situado en el margen de convergencia de dos grandes placas tectónicas –la euroasiática y la africana-, es una eternidad de promesas incumplidas. El 24 de agosto 2016 un violento seísmo afectó a cuatro regiones (Marche, Abruzzo, Umbria y Lazio).

del centro de Italia y asoló algunos municipios, especialmente Amatrice, ciudad símbolo de la devastación; Accumoli y Arquata del Tronto, causando 299 muertos. Al cumplirse el primer aniversario, sigue la emergencia. La imagen de desolación y destrucción se mantiene por doquier. Así, en los 62 municipios situados en la zona más afectada por el terremoto, solo el 8 por 100 de las ruinas de las casas destruidas ha sido retirado. Es una labor complicada, dificultada por la burocracia y vínculos medioambientales, porque se ha de encontrar el lugar adecuado donde arrojar o hacer desaparecer miles de toneladas de material derrumbado. Solo en la región de las Marcas se acumularon 840.000 toneladas de escombros, pero se han recogido solo 65.000.

Lentitud en la reconstrucción

La lentitud de la reconstrucción se refleja en la acogida que se da a los ciudadanos afectados. De las 3.827 casas prefabricadas de madera prometidas por el gobierno a los miles de evacuados, se han entregado poco más de 500. La burocracia, un mal endémico en Italia, se impone también casi con la misma fuerza de un terremoto, a pesar de la emergencia: Hasta 11 diversos pasos han tenido que ser aprobados por las administraciones municipales, regionales y nacionales para decidir dónde colocar las casas prefabricadas. Para colmo, se trata de frágiles alojamientos que no satisfacen a sus nuevos inquilinos: «No queríamos una villa con piscina, sino al menos un techo digno. Muchos de nosotros tenemos más de 60 años, han perdido hijos, maridos, nietos, hermanos y hermanas. No pretendíamos nada del otro mundo, sino la dignidad», afirma con cierta rabia una señora de Amatrice. Otros son más desafortunados, porque un núcleo familiar de cada seis vive en caravanas o en albergues a centenares de kilómetros del propio pueblo.

La situación de emergencia decretada tras el terremoto se ha prorrogado al menos otros siete meses, hasta el 28 de febrero 2018. Esto significa admitir que gran parte de las personas afectadas no tendrá ni siquiera las prometidas casas prefabricadas para el invierno próximo, lo que significa un gasto extraordinario, un derroche, para las regiones. Las Marcas, por ejemplo, que tiene 30.000 evacuados, ha pagado hasta ahora 70 millones para alojarlos, más otros 40 millones para pagar las cuentas de los hoteles.

El propio presidente de la República, Sergio Mattarella, al visitar algunos municipios afectados, reconoció que, para salir de la emergencia, «se debe actuar con más rapidez».

Algunos se aprovechan del terremoto

El desastre del seísmo ha sido ocasión para que otros municipios intenten aprovecharse también de los millones que llueven con destino a la reconstrucción. Se lamenta así el alcalde de Camerino, Gianluca Pasqui: «Nuestro pueblo ha sido destruido. Pero oigo a colegas lamentarse de una grieta en la pared…». Ha ocurrido así en todos los terremotos en Italia. Por ejemplo, en un devastador seísmo del 23 de noviembre 1980 en la región de Irpinia, en Campania, los municipios gravemente afectados fueron 36 en el elenco inicial, pero acabaron siendo 687, mientras las casas destruidas pasaron de las 28.274 iniciales a 352.605.

Es decir, muchos ejercieron presiones y con las oportunas influencias se aprovecharon para recibir ayudas, a pesar de que sus daños eran mínimos. Con el terremoto del pasado año no se ha llegado a tanto, aunque también la lista de los municipios que piden fondos y ayudas se ha alargado creando conflictos delicados sobre las prioridades. En la zona roja del terremoto se incluyeron al principio 62 municipios, y luego fue alargándose hasta «solo» 131. Se trata de un capítulo, el llamado clientelismo, muy enraizado en la cultura italiana. El alcalde de Amatrice, Sergio Pirozzi, lo reconoce así: «Venimos de una sociedad de clientes». De esta forma se hace difícil evitar conflictos y ser rigurosos en las prioridades.

A pesar de las enormes dificultades, entre la devastación surgen personas llenas de coraje que vuelven a dar vida a los municipios destruidos. Por ejemplo, Assunta Masari, 53 años, ha abierto hace una semana una floristería en el nuevo centro comercial de Amatrice, para vender plantas y flores.

Ilegalidad y especulación

Capítulo aparte merece la acusación a los responsables de las construcciones. La investigación abierta por los magistrados tras el terremoto ha establecido que muchas casas habían sido construidas de forma abusiva, fuera de la legalidad, con escasos y malos materiales para ahorrar. El abuso y la especulación, como ha puesto de relieve también el terremoto del pasado lunes en la bella isla de Ischia, han constituido la norma en buena parte del territorio. Italia ignora las lecciones de terremotos pasados. No siempre la naturaleza es culpable de los desastres. Si se hubiera evitado la especulación y las casas se hubieran construido sin violar las leyes y con normas antisísmicas, se habrían ahorrado muchas víctimas.