Un grupo de menesterosos espera su turno en un comedor de caridad AP

La desnutrición infantil es una lacra existente desde hace décadas en Tucumán

Tucumán siempre anticipó el futuro de Argentina. Allí se declaró la independencia en 1816; allí se concentró la guerrillera; y allí el hambre infantil es vieja historia

C. de C. CORRESPONSAL. BUENOS AIRES
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Dominio durante años del general Antonio Domingo Bussi, Tucumán tiene su propia Conadep (Comisión Nacional de Desaparecidos) recogida en el informe de la Comisión Bicameral donde figura un listado propio de detenidos desaparecidos que arranca antes del golpe de Estado de 1976 contra Estella Martínez de Perón. Lo que sucedió entonces en Tucumán terminó extendiéndose a Argentina. Lo que sucede hoy era una historia antigua que, de vieja, no ocupaba espacio en la Prensa ni en los discursos de los políticos desde la época de Raúl Alfonsín. Es decir, como con los desaparecidos, para Argentina y, en este caso por ignorancia no exenta de culpa de la Prensa internacional, para el resto del mundo, los niños muertos de hambre no existían hasta hace unas semanas.

En 1983, durante la campaña electoral, el que sería presidente de la transición democrática, vió publicadas unas fotografías, como las actuales, de niños famélicos en esta provincia en la que todavía gobernaba el general Merlo. El sucesor democrático del Gobierno de las Juntas Militares, enarboló la bandera contra el hambre, ganó las elecciones y puso de inmediato en marcha el Plan Alimentación Nacional (PAN). Como parte de este proyecto se repartieron en los puntos neurálgicos de Argentina cajas de comida entre las familias más necesitadas. La iniciativa terminó acosada por denuncias de mala calidad de los alimentos y corrupción. Como parte del proyecto se abrieron supermercados populares en estaciones de trenes, plazas públicas y barrios humildes, bajo el nombre de Centros Abastecedores de Abaratamiento.

La entrega del poder anticipada y, como la de Fernando de la Rúa, acompañada de saqueos a comercios, puso fin a la gestión de Alfonsín. El caudillo peronista de La Rioja, Carlos Saúl Menem, le sucedió. Hecho migas el PAN, el nuevo inventó contra el hambre fue el Bono Solidario, especie de papel moneda de corta vida que administró el ministro de Acción Social, Julio Corzo. A Duhalde se le ocurrió este año la alternativa de Planes para Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, subsidios que en teoría prometían cumplir su misión y que en la práctica, en buena medida, se escurren entre los bolsillos de la corrupción.

El cantante Palito Ortega fue gobernador de Tucumán, seguido del general Bussi. Hoy, el puesto en una provincia donde la mayoría de los bares no tienen cambio en pesos (moneda oficial) y funcionan con bonos provinciales lo ocupa otro peronista, Julio Miranda. El gobernador tiene abiertas sesenta causas judiciales y la propia «Chiche» redactó un informe lapidario sobre las irregularidades» de los Planes sociales, incluidos los de Jefes y Jefas. Extraoficialmente, las expresiones utilizadas son abusos y arbitraria distribución. «Si el país viviera una situación de normalidad, Duhalde firmaría una intervención (federal). Pero la indefinición de las primarias obliga al presidente a mantener a Miranda», para que no se pase a las filas de Menem, reflexiona el analista Felipe Yapur. Entretanto, el presidente insiste: «La desnutrición se supera con organización social».