Las desigualdades sociales amenazan la estabilidad del régimen chino
Procedentes del campo, los «mingong» emigran a las ciudades en busca de un futuro mejor - PABLO M. DÍEZ

Las desigualdades sociales amenazan la estabilidad del régimen chino

Aunque cientos de millones han salido de la pobreza, el gigante asiático es una de las sociedades más injustas y dispares

CORRESPONSAL EN PEKÍN Actualizado:

Desde que iniciara su apertura al capitalismo hace tres décadas, China ha vivido el mayor progreso de su Historia y sacado a más de 500 millones de personas de la pobreza. En 1981, el 85 por ciento de la población vivía con menos de un dólar al día, pero dicha masa había caído hasta el 15 por ciento en 2005. Con la economía creciendo a un ritmo anual del 10 por ciento, las grises ciudades comunistas de antaño se han plagado de rascacielos con luces de colores y autopistas de varios niveles y las provincias costeras, desde Shanghái hasta Cantón (Guangdong), se han erigido en la “fábrica global”.

Pero, como en cualquier otra nación en vías de desarrollo, este crecimiento ha sido asimétrico y ha propiciado una de las sociedades más desiguales e injustas del planeta. Después de Estados Unidos, que tiene 400 multimillonarios, China es ya el segundo país con más ricos del mundo, que se han doblado desde los 130 magnates con más de 1.000 millones de dólares contabilizados en 2009 a los 271 detectados por la revista “Hurun” en 2010. Sin embargo, y según datos oficiales, aún quedan 128 millones de pobres y otros 468 millones viviendo con menos de dos dólares al día.

Capitalismo en un régimen Comunista

Dichas diferencias son especialmente sangrantes para un régimen que, pese a haber abrazado el capitalismo de Estado, sigue dirigido por el Partido Comunista, que estos días renueva su cúpula en su XVIII Congreso. Por eso, antes de ser relevado por Xi Jinping, el presidente Hu Jintao ha prometido “generalizar servicios públicos como educación y sanidad y llenar los bolsillos de la gente para que sus ingresos sean acordes al desarrollo económico”.

De ello depende la supervivencia del régimen. Aunque Pekín no publica desde hace doce años su Coeficiente Gini, un índice de renta internacionalmente aceptado donde el 0 representa la igualdad absoluta y el 1 la más completa disparidad social, los expertos calculan que en China llega al 0,48. Una marca sumamente peligrosa porque, a partir del 0,4, aumenta el riesgo de inestabilidad social. Antes de ser purgado por corrupción en un escándalo que ha desatado una enconada lucha de poder, así lo advirtió en marzo el popular dirigente Bo Xilai, quien pretendía instaurar el “neomaoísmo” en la ciudad de Chongqing.

A tenor del Buró Nacional de Estadísticas, el 10 por ciento de los chinos controlan el 32 por ciento de los ingresos del país. En otros estudios independientes, dicha riqueza sube al 56 por ciento pero coincide en quiénes la poseen: la élite del Partido Comunista.