Dengue, la última epidemia en Argentina

CARMEN DE CARLOS | CHACO, BUENOS AIRES
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Juan lleva quince años con tuberculosis. La noticia, un año más, de que el dengue se está extendiendo como el hambre en el Chaco argentino, epicentro de la epidemia, probablemente no le llegue y si alguien se la cuenta poco le importara. La cifra oficial de infectados por esta enfermedad que transmite el mosquito “ Aedes aegypti” ronda, oficialmente, los ocho mil casos en Argentina aunque esas estimaciones se dan de bruces con los datos de las provincias que la duplican y los cálculos de organizaciones sanitarias que la elevan a entre veinte y treinta mil. La última semana, cada dos minutos, una persona contrajo la enfermedad. De las veintitrés provincias únicamente Chubut, Formosa, San Juan, Tierra del Fuego y Misiones no reportaron un caso. Sólo en la ciudad de Buenos Aires, se atendió a cerca de centenar y medio de pacientes que presentaban los síntomas clásicos: fiebre, mareos, dolor en las articulaciones, músculos y nauseas. Con el diagnóstico confirmado, de momento, oficialmente son poco más de setenta pero las cifras de enfermos, como las de muertos, -extraoficialmente una decena- son confusas. Juan Caar, responsable de la organización civil Red Solidaria expresó su temor por la danza macabra de números y pidió al Gobierno que “reaccione seriamente (…). Estamos en la antesala de una tragedia”, aseguró. La advertencia no cayó en saco roto, la ciudad de Buenos Aires intensificó un calendario de fumigaciones de barrios y se multiplicó la publicidad en radios y televisión para mantener los espacios libres de aguas estancadas, caldo de cultivo del mosquito. En los aeropuertos, los aviones que proceden de los países vecinos así como del interior, antes de aterrizar en la Capital Federal deben pasar la prueba de limpieza mientras el Ministerio de Sanidad implemente medidas tardías que no presagian nada bueno. Su titular, Graciela Ocaña, se ha visto obligada a comparecer en el Congreso para explicar que “la situación es grave y lo he reconocido… El dengue y la fiebre amarilla –otra enfermedad recurrente- han venido para quedarse”, pronosticó. La preocupación en la población se tradujo en un descenso, en torno al 30 por ciento, de la demanda turística en Semana Santa, a las provincias más afectadas: Salta, Jujuy, Chaco, Tucumán y Catamarca. “El dengue no es un tema que va a pasar este año. Nunca tuvimos que atravesar una situación como ésta”, insistió Ocaña. Alarmada la población frente a una epidemia sin precedente en Argentina y constante en Bolivia y Paraguay, la directora de la Fundación Mundo Sano, Sonia Tarragona, consideró que el avance del dengue se explica por la falta de "trabajos de prevención para controlar la enfermedad", además de "la pobreza estructural y las condiciones climáticas" que favorecen su propagación. En el caso del Chaco, “una provincia que tiene los mismos indicadores sociales que algunos países de Africa”, señala Rolando Nuñez, coordinador del Centro de Investigación y Estudios Sociales Nelson Mandela, "se fracasó en la tarea de prevención. Como no hay vacuna, hay que trabajar fuertemente en la eliminación del mosquito transmisor y promover las condiciones para evitar que se expanda". De acuerdo a sus estimaciones sólo en esa zona "existen más de 11.000 posibles casos". Juan no parece que sea uno de ellos aunque la tuberculosis le llevó a descender de peso y quedarse con apenas 42 kilos. Ronda el uno setenta y en sus mejores épocas con la enfermedad no pasa de los 51 . Sobrevive en el Impenetrable, un foco de miseria y abandono en el Chaco que está poblado por indios tobas –como él-, wichis y de otras etnias locales. En esta zona, el mal de chagas, otra enfermedad transmitida por un insecto conocido como vinchuca, hace estragos. La desnutrición, los parásitos y los brotes de enfermedades que se creían extinguidas como el “síndrome coqueluche” (tosferina) resucitan periódicamente a su alrededor así que el “dengue”, para Juan, no debe ser hoy otra preocupación, simplemente, una epidemia más.