Ramón Pérez-Maura - Horizonte

La cumbre Trump-Kim fue un éxito

Lo que sí sabemos es que la paz alcanzada a cualquier precio es la antesala de la guerra

Ramón Pérez-Maura
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No se dejen engañar. Las apariencias son equívocas. Sí, Donald Trump y Kim Jong-un se fueron de Hanói sin firmar una declaración, ni brindar juntos y sin una foto final abrazándose. Y podemos dar gracias a Dios de que así fuera. Para empezar porque ya sabemos bastante más sobre la realidad del arsenal nuclear de Kim. Él pretendía que Estados Unidos le levantara todas las sanciones a cambio de cerrar el complejo nuclear de Yongbyon, según explicó Trump. El ministro norcoreano de Exteriores, Ri Yong Ho, intentó contradecir a Trump diciendo que no habían pedido el levantamiento de «todas» las sanciones, pero que su propuesta es «la mayor medida de desnuclearización que podemos adoptar en el momento presente en relación con el grado de confianza que hay entre la República Democrática Popular de Corea y los Estados Unidos». Es decir, que pretendían el levantamiento de sanciones y seguir siendo una potencia nuclear. Menos mal que Trump se levantó de la mesa y se fue.

Eso es, indiscutiblemente, información útil. Kim pretendía librarse de la presión internacional y poder seguir desarrollando su programa de armamento nuclear que ya le ha permitido dotarse de un misil, el Hwasong-15, probado en 2017, y que en teoría podría alcanzar el territorio continental de los Estados Unidos con carga nuclear.

Confieso que cuando vi la primera cumbre entre Kim y Trump en Singapur no pude comprender el porqué de aquel encuentro, sus sonrisas y sus manos estrechadas. Como tanto otros, pensé que antes de llegar a ese tipo de encuentro hay que dejar que los equipos de ambas partes se reúnan y alcancen acuerdos muy específicos, que finalmente se presenten a los presidentes para su firma. Es evidente que Trump tiene otra forma de trabajar. Y aquí ha servido para exponer al mundo la evidencia de que Corea del Norte tiene un armamento nuclear del que no están dispuestos a desprenderse. Cada cual sabrá la tranquilidad que le genera saber que el tercer dictador de la dinastía Kim disponga de esa capacidad de amenazar a Occidente.

Lo que sí sabemos es que la paz alcanzada a cualquier precio es la antesala de la guerra. Y Trump ha sido coherente con la denuncia que hizo del acuerdo nuclear con Irán alcanzado por Obama con el respaldo de Federica Mogherini y al que se arrastró a la Unión Europea. Barack Obama tenía que justificar que le habían otorgado un premio Nobel de la Paz para el que no había acumulado el más mínimo mérito. Así que firmó aquel acuerdo con los iraníes que era bastante parecido en sus consecuencias al que los norcoreanos esperaban que rubricase el actual presidente norteamericano. Así que, habrá que reconocer que el que Trump se fuera de Hanói sin firmar, dando un portazo, es un éxito para todos porque garantiza nuestra seguridad. De haber firmado el texto que le presentaron los hombres de Kim, hubiéramos tenido lo que el refranero popular llama «pan para hoy y hambre para mañana». Esta vez la cumbre de Trump-Kim sí fue un éxito.

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