La «cumbre de la reconciliación» concluye sin perdón

J. C.
Actualizado:

JERUSALÉN. Koffi Annan, Bill Clinton, Colin Powell y el Rey Abdalá II de Jordania clausuraron ayer, uno tras otro hasta el último, la sesión extraordinaria del Foro Económico Mundial celebrada a orillas del Mar Muerto.

Los organizadores, con demasiado optimismo y cierta imprudencia y osadía, bautizaron esta cita de manera oficiosa como la «Cumbre de la reconciliación», pues se buscaba abrir vías de diálogo que llevasen al perdón que muchos ansían entre palestinos e israelíes, por un lado, y norteamericanos e iraquíes, por otro.

Y es que, en efecto, la situación en Oriente Próximo y la posguerra en Irak han sido los dos polos, a veces opuestos, otras más cercanos, de esta cumbre del Mar Muerto que ha reunido a más de 1.100 protagonistas del mundo de la política, la diplomacia, la economía, los negocios, el periodismo y que no ha logrado, salvo de modo superficial, nunca suficiente, reconciliar a los unos con los otros ni a los otros con los unos.

El mensaje final, el tiempo apremia. En Oriente Próximo, porque la lentitud de las partes a la hora de aplicar la «Hoja de ruta» y la siempre desatada violencia amenazan a la penúltima esperanza para la paz en la región.

En Irak, porque cada día que pasa la población local mira con ceños más fruncidos a las tropas norteamericanas que se han convertido para casi todos los iraquíes en fuerzas de ocupación que bien es verdad les han librado de Sadam Husein pero no les ofrecen ni un ápice de calidad de vida. De ahí las palabras de Powell: «Hay que transferir poder a los iraquíes lo antes posible».

En efecto, el de Oriente Próximo y el de Irak, dos polos a veces opuestos, otras muchos más cercanos, que no dejan de separarse pero también de atraerse. El Foro del Mar Muerto ha sido todo un ejemplo.