Ignacio Gil

«Cumbre» de expertos en Madrid para homenajear a Álvaro Uribe

Vargas Llosa, Pablo Casado y Antonio Ledezma, entre muchos otros asistentes

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América en una orilla y Europa en la otra. En el océano de las crisis con futuro incierto, Venezuela, Nicaragua y Cuba. En el mar de las preocupaciones, Colombia a un lado y España al otro. El premio Nobel, Mario Vargas Llosa, el eurodiputado Leopoldo López, el alcalde de Caracas en el exilio, Antonio Ledezma, el ministro de Vivienda de Colombia, Jonathan Malagón, el presidente del PP Pablo Casado, la diputada Cayetana Alvarez de Toledo, la mujer que aspira a la presidencia de la comunidad de Madrid, Isabel Ayuso, el alcalde José Luis Martínez-Almeida y, entre otros, Alvaro Uribe, el anfitrión de la reunión, analizaron las turbulencias y diferentes realidades del viejo y el nuevo continente.

En el restaurante «El rincón de Esteban» se ordenó algo parecido a un seminario de expertos por conocimiento y experiencia propia en política. El padre de Leopoldo López analizó «el pulso entre Macron y Merkel por el poder en la Unión Europea». De su hijo, observó, «no es un refugiado, es un ciudadano libre, indultado por el presidente constitucional Juan Guaidó».

Alcalde junto a Alcalde, Martínez-Almeida le pedía consejo a Ledezma antes de celebrar, «llevo doce días y aún no he roto nada». Yuri P. Korchagin, embajador de Rusia, sonreía y confesaba: «Desayuno todos los días con el ABC. Cuando algo no me gusta, llamo a Bieito y me escucha». El gesto cambió cuando Pedro Santos, organizador del almuerzo homenaje a Uribe, pidió «ayuda a Rusia para estabilizar la región», en alusión al respaldo de Vladimir Putin al régimen de Maduro.

Vargas Llosa llegó de la mano de Isabel Preysler. A Casado le agradeció, «el libro me gustó mucho», dijo. El líder del PP le regaló hace unos días «El presidente, el Papa y la primera ministra», una historia del trío que cambio el mundo (Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Karol Wojtyla) escrita por John O’Sullivan.

Uribe sorprendió a Preysler al preguntarle: «¿Sabes quién es la persona que mejor conoce la obra de Mario: Uribe». Anécdotas de aperitivo, el plato fuerte o las lecciones de alta política no se hicieron esperar. El «hombre de Estado, un patriota» que sorteó 17 atentados, como presentó Pedro Santos a Álvaro Uribe, recibió definiciones variadas. «Un gigante», para Pablo Casado, que condensó los dos grandes peligros de la democracia, «populismo y nacionalismo, un veneno que emerge» sin descanso. «Militante de la democracia», para Cayetana Alvarez de Toledo, Ledezma consideró al expresidente colombiano «como nuestro presidente. Nuestros problemas son como los de Colombia. Y sus tragedias nos impactan como propias».

Culpas propias y ajenas

Álvaro Uribe recordó que Hugo Chávez se refería a Castro como «Fidel» e insistió en la necesidad de «rescatar el Estado de Derecho» en Venezuela. No ve otro camino que «la intervención de las Fuerzas Armadas para establecer un gobierno de transición a la democracia». «Diálogo» fue el término más devaluado de la reunión al aplicarlo a Venezuela y transformarse en prórroga eterna para «la tiranía» y «dictadura» venezolana. El embajador de Argentina, Ramón Puerta, observó: «Hablar de diálogo en Venezuela es ser funcional a la dictadura». Bertín Osborne, diría más tarde, «se lo dije a Felipe (González) esto sólo acaba con plomo» .

Europa recibió lo suyo con alusiones al Brexit. «Continente que corre el riesgo de convertirse en un museo», lamentó Casado, antes de hacer un reproche implícito al Gobierno y a la UE: «No hemos alzado la voz en Venezuela, ni en Nicaragua, ni en Cuba».

Uribe quitó hierro al asunto y advirtió: «Me pregunto cómo va a hacer Europa para producir riqueza y sostener el estado de bienestar. ¿Cómo resolverán las escaramuzas con Estados Unidos?”. Entre Europa y América, Mario Vargas Llosa puso el dedo en la llaga de los intelectuales, como Gunter Gras, que deseaban para «Latinoamérica lo que no tolerarían en Europa», en alusión a la defensa del régimen de Castro. «Buscan en América Latina el paraíso perdido, el Dorado, como si Latinoamérica pudiera realizar los sueños imposibles». Dicho esto, advirtió: «También hay un responsabilidad propia. Los dictadores que tuvimos, ¿cuántas veces los votaron en elecciones libres? A Chávez hasta tres veces, a Fujimori y a Perón, con perdón del embajador de Argentina». Ramón Puerta recogería el guante en los postres. «Una cosa es el kirchnerismo y otra muy diferente el peronismo».