La cumbre del G-8, escenario de un intento de reconciliación Bush-Chirac

La propuesta del presidente brasileño también prevé la inversión de un porcentaje de los pagos de deuda externa de los países emergentes a los desarrollados

EVIAN. FERNANDO ITURRIBARRIA ENVIADO ESPECIAL
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El presidente brasileño, Luis Inazio «Lula» da Silva, propuso ayer al G-8 la creación de un Fondo Mundial contra el Hambre alimentado en parte por tasas sobre el comercio internacional de armas. El presidente francés, Jacques Chirac, anfitrión de la cumbre de Evian, acogió favorablemente la idea pero objetó que «el problema es encontrar la buena mecánica».

La propuesta del líder brasileño, adelantada en Davos y Porto Alegre, también contempla la inversión de un porcentaje de los pagos de deuda externa de los países emergentes a los desarrollados. Figura representativa del movimiento altermundialista, Lula recordó luego a los periodistas que hasta hace poco él también se manifestaba en la calle contra este tipo de foros, una actitud que consideró positiva para mejorar la situación mundial.

El luchador sindicalista reconvertido a estadista fue la estrella de la reunión ampliada a las economías emergentes. Este G-20 congregó a los dirigentes del G-8 y de once países en desarrollo, junto al presidente suizo y los responsables de las principales organizaciones internacionales. Los invitados por la presidencia francesa fueron los dirigentes de Brasil, México, China, Egipto, Malasia (presidente de turno del movimiento no alineado), Suráfrica, Senegal, Nigeria, Argelia, Arabia Saudí y la India.

La asamblea, que concentra el 80% de la riqueza mundial y del comercio internacional, es una iniciativa francesa que nace con vocación de continuidad. Chirac declaró que Tony Blair le había confiado que hará una convocatoria similar bajo la presidencia británica de 2005. «Tengo la intuición, no la confirmación, de que Estados Unidos hará lo mismo el año próximo», insinuó.

Frente a las críticas de los numerosos detractores, Chirac aseguró que el G-8 nunca ha pretendido ser un directorio del mundo sino «coordinar sus actuaciones con el interés general». «Estoy convencido de que abordaremos los problemas con distinto espíritu tras el intercambio muy libre y real que hemos tenido», dijo.

En la reunión, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, pidió una reducción de las subvenciones agrícolas y la eliminación de barreras aduaneras. Por la noche se celebró una cena de trabajo entre el G-8 y los países que pilotan la Nueva Alianza por el Desarrollo de Africa (NEPAD). En ausencia del presidente egipcio Hosni Moubarak, que regresó a su país, asistieron los mandatarios de Africa del Sur, Nigeria, Argelia y Senegal.

El reencuentro tras la guerra de Irak entre Jacques Chirac y George W. Bush fue uno de los momentos de mayor expectación de la jornada. Los dos mandatarios, que no se habían visto desde la cumbre de la OTAN de noviembre en Praga, se dieron un apretón de manos poco caluroso sin llegar a ser glacial.

La brevedad protocolaria y la crispación de las sonrisas contrastó con los abrazos multiplicados por el anfitrión francés a otros huéspedes, en especial al brasileño. El almuerzo apenas contribuyó a la reconciliación, deseada sobre todo por parte gala. En la foto de familia organizada tras la sobremesa, se ignoraron hasta que Bush abordó mano al hombro a un Chirac tenso.

Luego el Elíseo hizo saber que el jefe de la Casa Blanca le había regalado tres libros sobre la civilización, la cultura y el arte de los indios del continente americano. Chirac es un gran apasionado de los pueblos indígenas a los que piensa dedicar un museo específico en París.

Los presidentes enemistados por la crisis iraquí se entrevistan hoy cara a cara al margen de la cumbre. La reconstrucción de Irak será uno de los asuntos de la reunión bilateral «no para volver sobre el pasado, eso no sería útil, sino para mirar al futuro», observó la portavoz del Elíseo, Catherinne Colonna.