Un hombre empuja un carro de fruta frente a una tienda, donde se aprecia la foto de Raúl Castro
Un hombre empuja un carro de fruta frente a una tienda, donde se aprecia la foto de Raúl Castro - Reuters

Los cubanos, sin cambios a la vista tras los cien primeros días de gobierno de Díaz-Canel

Pese al relevo en la presidencia, Raúl Castro sigue mandando y los isleños siguen sufriendo las mismas penurias

Corresponsal en La HabanaActualizado:

Amanece el viernes y, aunque es festivo en Cuba, para Ismael Patricio Ferrer es otra jornada de trabajo. En su filosofía personal, «los humildes no tienen días de descanso en su calendario». Mientras pregona media docena de variedades de flores por la barriada Los Sitios, intenta responder qué cambios percibe en los cien primeros días de gobierno del ingeniero Miguel Díaz-Canel Bermúdez, jefe de Estado desde el 19 de abril: «Cambios habrá cuando yo deje de empujar este carretón y el dinero de mi jubilación alcance para llevar de paseo a mis nietos como Dios manda», afirma. Después de 35 años como tornero en una azucarera, Ferrer, de 77 años, recibe 250 pesos de pensión, unos 10 dólares.

En opinión de Yurima Valdivia, licenciada en Química Industrial, «evaluar cien días de gobierno es algo surrealista» en «un país que durante 60 años fue dirigido por una sola familia y por un solo partido. Se suponía que este país no sería el mismo que Fidel [Castro] le dejó a Raúl [Castro], y que ahora dejaron a Díaz-Canel. Ni siquiera las reformas constitucionales reflejaron cambios sustanciales en cómo sobrevive diariamente el pueblo», abunda.

«Sin penas ni glorias»

Julia Emilia Castellanos, exdirectora de una escuela de Secundaria, cree «injusto» evaluar el mandato de Díaz-Canel «por apenas poco más de tres meses». «Toda la infraestructura del país tiene que ser restaurada desde cero. Lo que debería cuestionarse es su manera de gobernar, mucho más cercana a ese populismo que reinó durante los primeros 20 años de Revolución, pero en su caso sin penas ni glorias», acota.

Los gobiernos en la isla, empoderados desde enero de 1959 –Manuel Urrutia (1959), Osvaldo Dorticós (1959-1976), Fidel Castro (1976-2008), Raúl Castro (2008-2018)–, se destacaron más por las promesas hechas que por sus logros.

Con este criterio coincide Lino Alberto Cañizares, trabajador portuario, que dice haber nacido el mismo año que triunfó la Revolución, y considera que Díaz-Canel no será la excepción de la regla. «Muchas fueron promesas incumplidas, como aquella de que en este pueblo de hoy y en un mañana muy próximo cada ciudadano vivirá fundamentalmente de su trabajo y fundamentalmente de sus pensiones», cita Cañizares las palabras de Fidel Castro en 2005 en el aula magna de la Universidad de La Habana.

«Además, cómo vamos a pesar la gestión de Díaz-Canel si él mismo afirmó que las decisiones trascendentales del gobierno las tomará Raúl. Acaso no resulta contradictorio preguntar entonces qué ha hecho o qué hará en los próximos cien días», agrega su esposa, Gladys Arguelles, mientras se despide para ir a su guardia en un policlínico del municipio Cerro.

El salario promedio no supera los treinta dólares mensuales y un 50,6% de los ciudadanos percibe ingresos salariales por debajo de ese estándar. Solo en La Habana el déficit habitacional roza el medio millón de viviendas y casi un 60% de los cubanos vive en condiciones catalogadas mundialmente de hacinamiento.

Para muchos cubanos que conviven bajo estas circunstancias socioeconómicas, como Adalberto Noa, técnico medio en Metrología que ejerce como administrador de un gimnasio privado en La Lisa, la esperanza se impone como única moneda de cambio ante la realidad. «En cien días el actual gobierno no dio muestras de implementar cambios que podrían considerarse como simples: arreglar e higienizar las calles, minimizar la violencia social, equilibrar los precios de alimentos y abastecer las farmacias», enumera Noa.

Con el anterior criterio también coincide la doctora Laura Torres. «En cien días no es posible solucionar cosas complejas como la dualidad monetaria o la restructuración de las políticas salariales de los trabajadores, pero sí al menos instaurar medidas serias contra la corrupción institucional, el incremento del pandillerismo y la violencia de género, fenómenos que la prensa estatal no refleja ni de lejos».

Más allá de las reformas introducidas en la Constitución, los primeros cien días no representan, entre los habaneros, variaciones: «No alcanzarán para valorar los cambios por el gobierno de Díaz-Canel, pero sí para saber los cambios que nunca sucederán bajo su mandato», concluye la doctora Torres.