Ramón Pérez-Maura - HORIZONTE

Cuanto peor, mejor

Esto ya solo se puede arreglar con los británicos asumiendo las graves consecuencias de sus decisiones

Ramón Pérez-Maura
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El descalabro del Partido Conservador británico era perfectamente previsible. Ya lo decíamos el pasado 15 de noviembre: «Habrá Brexit sin acuerdo». La salida de May hace que esa afirmación sea hoy de una probabilidad extrema. El candidato favorito, el atrabiliario Boris Johnson, tiene una buena razón para imponerse: el partido que resultará ganador en las elecciones europeas celebradas en el Reino Unido el pasado jueves, pero cuyo resultado se conocerá esta noche, tiene un programa electoral casi idéntico al del propio Boris. Si él no se ha abandonado a los conservadores es, simplemente, porque cree que los partidos de una causa nunca llegan a gobernar. Que es lo único que importa a Boris. Con el Partido Conservador detrás, hasta Boris Johnson podría ser primer ministro. Con el UKIP o el Partido del Brexit, nadie gana unas elecciones en ese país. Entre otras cosas, porque estos euroescépticos ganan las elecciones europeas porque el sistema electoral es un sistema ajeno a los británicos, con circunscripciones con listas. En un sistema de circunscripción uninominal como es el británico, jamás se impondrían a conservadores o laboristas. Ni siquiera en el presente ocaso conservador.

Theresa May ha cometido un error tras otro a lo largo de estos tres últimos años. Después de apoyar en campaña la permanencia en la Unión, interpretó la victoria del Brexit como una demanda de frenar la inmigración proveniente del resto de la UE. Eso la dejó al margen de las dos principales corrientes enfrentadas en este asunto: de una parte los libertarios del European Research Group, dirigidos por Jacob Rees-Mogg, que querían un ruptura radical, buscando desarrollar pactos comerciales con el resto del planeta –despreciando la mayoría de los que ya tienen, que son con la UE– y la supresión de múltiples regulaciones que según ellos frenan el comercio; los pro europeos aspiraban a mantener unos vínculos lo más estrechos que fuera posible. May no estaba con nadie. Y así le ha ido. Ha sido el primer ministro que más revueltas internas ha padecido en los últimos cien años. De todos los ministros de todos los partidos que han dimitido en los últimos cuarenta años, el veinte por ciento ha dimitido en los últimos tres años: los años de May.

Boris Johnson es el favorito porque la militancia conservadora –o lo que queda de ella– está alineada en posiciones mucho más brexiteras que la media del electorado. Johnson tiene muchos más partidarios internos que Theresa May. Y ellos le ven como un ganador.

Lo que lleva a una conclusión ineludible: los conservadores han creado este problema a su partido, a su país y a Europa. Para salir de aquí sólo hay dos opciones: aceptar el acuerdo que firmaron May y la UE o salir sin acuerdo. No va a ganar un candidato que acepte el acuerdo. Y para que lo haga uno partidario de romper, es mejor que sea uno de los principales causantes del problema. Porque esto ya solo se puede arreglar con los británicos asumiendo las graves consecuencias de sus decisiones que van a ser malas para todos. Por eso, cuanto antes les hagamos frente, mejor. Y para ello, cuanto peor candidato, mejor.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura