El presidente de Francia, Emmanuel Macron
El presidente de Francia, Emmanuel Macron - REUTERS

Los conservadores y moderados, el principal apoyo social del presidente Macron

A los doce meses de su elección como jefe del Estado, el 6 de mayo de 2017, el presidente todavía cuenta con un 53% de opiniones positivas en las encuestas

CORRESPONSAL EN PARÍSActualizado:

Los franceses conservadores y moderados se han convertido en el principal apoyo social del presidente Emmanuel Macron, con una duda de fondo: inquietud creciente ante la presión fiscal y eventuales subidas de impuestos.

A los doce meses de su elección como jefe del Estado, el 6 de mayo de 2017, Macron todavía cuenta con un 53% de opiniones positivas en las encuestas. Ha perdido simpatía entre los electores de centro e izquierda reformista, pero ha ganado simpatía entre los electores de Los Republicanos (LR), el partido de Nicolas Sarkozy, cuyo líder, Laurent Wauquiez, critica con severidad al presidente desde la óptica del conservadurismo nacionalista.

La gestión presidencial de la huelga de los ferroviarios, que comenzó a primeros de abril y debe prolongarse hasta finales de junio, ha incrementado la simpatía de los electores conservadores hacia Macron.

Según un estudio que publica este viernes el semanario conservador «Le Figaro Magazine» (LFM), entre un 56 y un 65% de los electores conservadores dicen sentir simpatía por Macron, apoyando su «determinación» contra los sindicatos de ferroviarios.

Por vez primera, desde su elección, hace un año, los franceses conservadores y moderados son el el pilar sociológico del «macronismo», que conquistó el poder con un cóctel razonablemente ambiguo de «centro izquierda», «centro derecha», «centro» y «derecha moderada». Macron agravó personalmente esa ambigüedad afirmando ser de «izquierdas y de derechas, al mismo tiempo». Su programa económico era resueltamente liberal (a la francesa, muy intervencionista), pero su «maquillaje social» pudo atizar algunas sospechas y reservas. Doce meses después, caben pocas dudas: las reformas de fondo (modelo social) son expresamente liberal-conservadoras; su gestión de los negocios públicos se inscribe en la magna tradición nacional del «absolutismo presidencial» (Luis XIV, Bonaparte, de Gaulle, Giscard d’Estaing); sus proyectos europeos y diplomáticos, se inscriben en la línea recta del reformismo conservador, europeo, atlantista, muy alejado de cualquier «tentación» o «aventura» de otra índole.

La determinación presidencial contra la resistencia sindical, intentando «vetar» la gran reforma del Sistema Nacional de Ferrocarriles (SNCF, la RENFE francesa), está cambiando relativamente la base social del «macronismo», apoyado, ahora, por una mayoría conservadora aparentemente sólida, que en otro tiempo apoyó a Nicolas Sarkozy.

Sin duda, esa evolución puede ser volátil.

Laurent Wauquiez, sucesor de Sarkozy al frente de Los Republicanos (derecha), está en permanente«“guerra electoral» contra Macron. Y Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional (FN, extrema derecha), denuncia a Macron con cualquier pretexto «patriótico».

Sin embargo, el último estudio sociológico de «Le Figaro Magazine» (LFM), parece confirmar que, por ahora, Le Pen sigue hundida en un hoyo con apoyo social decreciente, y Wauquiez no consigue despegar como presunto líder de la derecha tradicional.

Doce meses quizá sea un intervalo de tiempo muy corto para juzgar, en profundidad, la evolución de los resultados potenciales y la estima por venir de un presidente, que todavía debe afrontar graves problemas de fondo: el incremento inexorable de la fiscalidad y la persistencia inquietante del paro.

Durante el primer ministre de este año, la tasa de paro francesa era del 9,2% (unos 3.469.200 parados). Pero esa «marea negra» persistente «retrocede» a un ritmo más lento de lo esperado. Por el contrario, la presión fiscal se ha convertido en un problema de inmenso calado, no solo económico.

Según las cifras oficiales de Eurostat (servicio estadísticas de la UE), Francia es desde hace años el páis más «socialista» de Europa: la presión fiscal del Estado francés es la más alta de Europa, y ascendía el año pasado al 47,6% del PIB. A título comparativo, la presión media en la zona euro ascendía al 41,3% del PIB, en Alemania ascendía al 40,4%, y en España al 34,1%, 13,5 puntos menos.

La reciente «revuelta» de los pensionistas es el último de los indicadores críticos contra Macron. El miedo a nuevos impuestos y la angustia larvada hacia una presión fiscal muy alta son problemas económicos y sociales de fondo, que no dejarán de influir en el futuro político de Emmanuel Macron.