La «guerra civil fría» de los musulmanes en Francia
Metro La Courneuve, una encrucijada problemática - j. p. q.

La «guerra civil fría» de los musulmanes en Francia

Los musulmanes pacíficos que aspiran a la integración son mayoritarios, pero las minorías fanáticas, al borde de la delincuencia y el crimen, son muy activos y temibles

corresponsal en parís Actualizado:

Las matanzas de Toulouse y Montauban han desenterrado la «guerra civil fría» que viven los musulmanes franceses (cuatro o cinco millones), enfrentados de manera radical en cuestiones esenciales, para ellos y para la vida pública.

El imán moderado de Drancy, Hassen Chalghoumi, me comentaba, antes de las matanzas de Toulouse y Montauban: «Los islamistas radicales me han amenazado físicamente. Tuve que pedir socorro a la policía, para que defendiese mi mezquita de las violencias de quienes me amenazan por predicar un islam moderado, contra el burka, que es una prisión para las mujeres, a favor de la integración, como tantos otros imanes».

Las amenazas violentas del iman Chalghoumi se repiten sistemáticamente, desde hace años. Y su mezquita, en el corazón de una geografía suburbana más problemática, debe recurrir sistemáticamente a la vigilancia policial, para evitar las violencias provocadas por los ultra integristas.

Los musulmanes pacíficos que aspiran a la integración son mayoritarios

Tarek Obrou, otro imán moderado, en Burdeos, describe de este modo el conflicto muy duro que viven los musulmanes franceses: «Todos conocemos el perfil violento de muchos fieles que vienen a nuestras mezquitas y están siempre en el límite de los casos psiquiátricos, pasando de la delincuencia a la ultra religiosidad con mucha facilidad. Se trata de personas que han roto todos los lazos familiares, sociales y religiosos para precipitarse en el terrorismo».

Aritméticamente, los musulmanes pacíficos que aspiran a la más plena integración son mayoritarios. Sin embargo, las minorías fanáticas, ultra religiosas, al borde de la delincuencia y el crimen, son muy activos y temibles.

Un joven musulmán de La Courneuve, que prefiere guardar el anonimato, me comenta: «En el barrio, la inmensa mayoría de los colegas somos gente pacífica. Pero siempre hay una pequeña banda que intenta imponer sus criterios, amenazándonos. Hay peleas muy frecuentes, sobre todo con las chicas. Los fanáticos tienen un doble juego. Por un lado, quieren aprovecharse de las chicas. Por otro, las insultan y las tratas de putas, si no van vestidas como ellos creen que deben vestirse las mujeres piadosas, que son minoría entre la gente joven».

Se trata de un conflicto grave y muy profundo, agravado por divisiones teológicas de distinta envergadura.

El ministerio de Interior tiene fichados a un número relativamente pequeño de imanes que predican un islam integrista. Algunos son expulsados de Francia. Al mismo tiempo, los imanes moderados, como Chalghoumi, en Drazy, en la periferia norte de París, o Tarek Obrou, en Burdeos, deben ser protegidos, sistemáticamente, para evitar que los fanáticos consumen sus amenazas de muerte.