Mural de Pablo Escobar, en un barrio de Medellín - AFP/ VÍDEO: ABC
PABLO ESCOBAR

Colombia quiere «derribar» la leyenda del «Patrón del mal»

Mientras la viuda de Pablo Escobar se siente perseguida por su fantasma, Medellín ya tiene fecha para destruir uno de los iconos del capo

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Veinticinco años después de su muerte –se cumplieron el 2 de diciembre– la figura de Pablo Escobar, el que fuera el hombre más buscado de Colombia, líder del cártel de Medellín, sigue muy viva. A ello han contribuido series de televisión, documentales y libros –publicados por su hermano, su hijo, una de sus amantes (Virginia Vallejo) y, ahora, su viuda–. Si bien, algunos han servido de vehículo para pedir perdón a las víctimas, otros han alimentado su leyenda.

Escobar, el «Patrón del mal», bautizado también en los barrios más populares de Medellín, como el «Robin Hood paisa», se ha convertido en una marca que hace caja, y que cada año atrae a miles de turistas que nutren los numerosos «narcotours» –legales o no– que recalan en los lugares que formaron parte de su vida. Uno de estos tours llegó a contar con un guía de excepción, el hermano del capo, Roberto Escobar Gaviria, que ejerció como contable del cártel de Medellín y que pasó diez años en la cárcel. Consciente del dinero que generaba la figura de su hermano muerto, creó en 2014 la compañía Escobar Inc. A través de ella, demandó a Netflix en 2017 por la serie «Narcos», por mil millones de dólares, al considerarse heredero de los derechos de autor.

Apología de la criminalidad

Frente a esta comercialización de la figura de Escobar, Colombia está intentado frenar esa apología enterrando la leyenda, al menos parte de ella. El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, confirmó esta semana la fecha elegida –los próximos 21 y 22 de febrero– para demoler uno de las paradas emblemáticas de los «narcotours», el edificio Mónaco. Construido por Pablo Escobar en la década de los 80 del siglo pasado, en pleno apogeo de su imperio, vivió en él junto a su familia por temporadas, hasta que sufrió un atentado en 1988, provocado por el cártel de Cali.

Exterior del edifico Mónaco, en Medellín
Exterior del edifico Mónaco, en Medellín

Propiedad del Estado, el edificio de ocho plantas (la familia vivía en el ático) y situado en una lujosa zona de Medellín, está en lamentables condiciones, lo que no impide que todos los días sea visitado por grupos de turistas. «Resulta increíbe que lleguen tantos visitantes a la ciudad para ir a la tumba de Pablo Escobar o al Edificio Mónaco. Se les acabó la fiesta porque vamos a derribar esa edificación y ahí vamos a construir un parque en honor a las vícitmas de la violencia», sentenció el pasado mes de abril Gutiérrez. «El Mónaco se ha convertido en un antisímbolo, en un lugar donde se le hace apología a la criminalidad, al terrorismo», declaró entonces a Afp Manuel Villa, secretario de la alcadía.

Hacienda Nápoles

Pero este gesto no convence a todos. «Ese lugar fue importante para nosotros, como también la Hacienda Nápoles, que es un centro turístico importante. No sé cuál es la diferencia, habría que preguntarle al alcalde de Medellín cuál es la diferencia entre el edificio Mónaco y la Hacienda Nápoles», explicaba esta semana a ABC, Victoria Eugenia Henao, la viuda del capo, con motivo de la publicación en España de su libro «Pablo Escobar: Mi vida y mi cárcel» (Península). «El Estado colombiano se apropió de todas las propiedades de Pablo Escobar y me parece que está en todo su derecho. Para mí ya pasó. Pero lo que más me importa es que con estas propiedades puedan resarcir un poco a las víctimas que sufrieron tanta guerra y tanto horror».

La Hacienda Nápoles, de 3.000 hectáreas y adquirida por Escobar en 1978, fue donde el capo instaló un zoo, que le costó varios millones de dólares, y donde según cuentan aterrizaban los aviones cargados de coca y de dinero. Actualmente, la propiedad se ha convertido en un parque temático –referente en Iberoamérica– que mantiene algunas reliquias de la época en que fue habitada por el narco y su familia. Un atractivo más para los miles de visitantes que pasan por él cada año y que pagan unos 29 dólares por la entrada, según explica Henao en su libro. En el parque se encuentra también la vivienda, prácticamente derruida, en la que se puede ver un cartel en el que Estado de Colombia reclama el éxito por haber acabado con el capo.

Puerta de entrada de la Hacienda Nápoles
Puerta de entrada de la Hacienda Nápoles

Henao ha tardado años en romper su silencio para hablar de su vida junto a Escobar, cuyo comportamiento define ahora, tras años de terapia, «como el de un psicópata». Y asegura que, a pesar de las infidelidades y de la guerra que tuvieron que sufrir, –el enfrentamiento entre Escobar y el Estado de Colombia, el cártel de Cali y los paramilitares los Pepes–, «yo no me podía ir como cualquier esposa engañada, con unos chicos a los que podían matar a la vuelta de la esquina. No podía correr ese riesgo».

Henao, que tras la muerte de su marido se trasladó a vivir a Buenos Aires con una nueva identidad, junto a sus hijos y su nuera, actualmente se enfrenta a un segundo procesamiento –el primero fue sobreseído– en Argentina, en esta ocasión por blanqueo de dinero: «Tengo la conciencia tranquila», afirma, mientras asegura que esta persecución judicial es consecuencia de su pasado. «El fantasma de Pablo Escobar nos sigue persiguiendo».