Un cóctel tóxico de disolventes en el mar

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POR A. ACOSTA

MADRID. Millones de litros de petróleo han escapado ya del pozo siniestrado en el Golfo de México. Aunque la prioridad ahora está en lograr taponar las fugas por donde el crudo no deja de fluir, los científicos advierten que hay que extremar las precauciones con los dispersantes químicos y otros productos que puedan utilizarse posteriormente para la limpieza de las zonas afectadas. Terry Hazen, experto en biorremediación del Lawrence Berkeley National Laboratory, asegura que «la concentración de detergentes y otros químicos puede causar por sí sola una pesadilla medioambiental».

Para contener la propagación de la marea negra, los equipos de limpieza han desplegado barreras y dispositivos succionadores para extraer y recoger todo el combustible posible,pero también han utilizado toneladas de dispersantes y han realizado quemas controladas de bolsas de petróleo. Estos dos últimos métodos son considerados muy agresivos por los expertos. El profesor Hazen cita los ejemplos del «Exxon Valdez», que vertió más de 40 millones de litros en la costa de Alaska en 1989, y del «Amoco Cádiz», que dejó escapar 260 millones de litros de crudo en Bretaña en 1978.

Según explica Hazen, «el Amoco Cádiz» contaminó 320 kilómetros de costa. Con estas magnitudes, se decidió tratar con detergentes sólo las zonas de mayor impacto económico, quedando sin tratar grandes áreas de la costa. Y fueron precisamente esos lugares a los que no llegó la «ayuda» los que cinco años después del vertido se habían recuperado completamente. Sin embargo, las áreas tratadas seguían sin volver a su situación original 30 años después.