La coalición rojiverde mantendrá el poder en Noruega

CARMEN VILLAR MIR | ESTOCOLMO
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Con un 70 por 100 de los votos escrutados, todo hace suponer que tras un empate casi técnico en las elecciones legislativas celebradas en Noruega, la coalición tripartita rojiverde: Centro, Socialdemócratas e Izquierda socialista, liderada por Jens Stoltenberg desde 2005, con 87 escaños contra 82 de la oposición: Extrema derecha (o Partido del Progreso), Derechas, Liberales y Democristianos, podrá seguir gobernando.

Han sido estas unas elecciones muy reñidas, calificadas como las más emocionantes desde hace muchos años. Las diferencias fueron tan ajustadas entre los dos bloques durante el recuento de votos que ni siquiera los más expertos observadores de la política nacional se atrevieron a hacer pronósticos. Lo que resulta difícil de entender es que, a pesar de que el carismático primer ministro Jens Stoltenberg, ha sabido sacar a este Reino nórdico de la crisis económica y financiera sin necesidad de utilizar los Fondos de Pensiones creados con la riqueza del petróleo y del gas (que sumaban casi 280.000 millones de euros el pasado junio) y se ha beneficiado de las desavenencias en el bloque opositor, no haya conseguido una victoria más amplia. El gran ganador de las elecciones es el partido conservador, Høyre, y su dirigente Erna Solberg, que ha subido cuatro puntos con lo que aumenta su representación en el Storting o Parlamento. El gran perdedor, el Partido Liberal, o Venstre, que si no consigue pasar la frontera mágica del 4 por 100 podría quedarse fuera del Hemiciclo. El Progreso, liderado por Siv Jensen, se mantiene lo que se achaca a su programa de corte nacionalista y a su dura política contra la inmigración. Su líder, que quiere construir campamentos especiales para los inmigrantes, se ha convertido en un personaje tan popular y discurrido como lo fue en su día su antecesor Carl I Hagen, fundador del partido.

El tema más discutido durante la campaña electoral ha sido como gestionar el fondo de pensiones, cuestión que siempre ha enfrentado a los partidos. En ese debate conocido como «la maldición del petróleo», los conservadores y socialdemócratas afirman querer gastar un pequeño porciento del mismo mientras la ultraderecha apuesta por poner en práctica un ambicioso plan de mejora de infraestructuras, educación y sanidad.

Cinco millones y medio de ciudadanos acudieron a las urnas tras una campaña electoral que ha estado caracterizada por el buen humor de los líderes y la igualada lucha entre los dos bloques. En esta nación, la más rica de Europa, tercera exportadora mundial de gas y quinta de petróleo, que puede preciarse de tener el nivel más bajo de desempleo de Europa (un 3 por 100) la política nunca fue fácil y hoy lo es mucho menos.

La participación fue de un 65 por 100, cifra muy baja para estos países nórdicos. Estos comicios han coincidido con las elecciones a la iglesia Luterana y al Parlamento Sami, una institución que representa a la minoría lapona de la nación.

Cabe señalar que cuatro de los seis mayores partidos de Noruega están liderados por mujeres, algo que se achaca al ejemplo dado por Gro Harlem Brundtland, ex primer ministra y política con solera.