La cita de Suiza se queda sin su baile de clausura

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Davos, comentaba François Bernard en el diario Le Temps, «no logra desembarazarse de su etiqueta elitista», se convierte en el reflejo de que «la cuenta global de la globalización antes triunfante, está claramente en crisis» y por ello se prepara para inaugurar mañana su 33 edición con un perfil bajo, marcado por los presagios prebélicos. Los organizadores han decidido este año, en efecto, eliminar algunas de las partes más vistosas del programa, como el baile de clausura, y han reforzado las medidas de seguridad, como mejor síntoma de que están en cierto modo a la defensiva. También ha reducido el número de invitados, animados según se ha explicado oficialmente por el interés de hacer «más productivo» el trabajo.