El candidato ultraderechista Jair Bolsonaro, sale de emitir su voto en una area militar
El candidato ultraderechista Jair Bolsonaro, sale de emitir su voto en una area militar - EFE

Cinco razones por las que Bolsonaro es presidente electo de Brasil

El nuevo presidente electo ha vencido la elección más disputada en tres décadas y gobernará hasta 2022

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El mundo y Brasil se preguntan las razones por las que un hombre, como Jair Bolsonaro, ha podido convertirse en presidente electo de Brasil. El capitán en retiro ha sido acusado -y casi siempre merecidamente- de cosas horribles. Fobia a los homosexuales, desprecio a los negros (mayoría de la población brasileña), apología del terrorismo de Estado y maltrato (verbal) a las mujeres, son algunos de los reproches que se ha ganado. Su posición sobre el derecho de defensa, pistola o fusil en mano y la legalización de estas, también forman parte del ideario o programa del sucesor de Michel Temer, un hombre, por cierto, cuyo futuro está más cerca de la cárcel que de un plácido retiro.

Los brasileños sabían que Bolsonaro fue y es responsable –aunque Fernando Haddad también - de la catarata de «fake news» que salpicaron la campaña más surrealista de la democracia brasileña. Los medios de comunicación nacionales y extranjeros y las redes sociales repitieron sin cansancio sus frases nostálgicas sobre la dictadura (1964-1985) y recordaron sus declaraciones de amor eterno a personajes crueles de la historia como Augusto Pinochet y Alberto Fujimori. Brasil, con sus más de doscientos millones de habitantes, sabía antes de votar que este sujeto que cambió las armas por la política (lleva más de veinte años como diputado) sería feliz si pudiera colocar una bala entre ceja y ceja a los delincuentes. Y, aún así, el 55 por ciento del electorado le votó. Prácticamente los mismos que pusieron a Luiz Inacio Lula Da Silva ocho años en el Palacio de Planalto (2003-2011) y eligieron después, en dos elecciones consecutivas, a Dilma Rousseff le dijeron el domingo, sí a Jair Bolsonaro. ¿Por qué?

Las respuestas, en el fondo, no son tan complicadas. El presidente electo, al que Pedro Sánchez no menciona ni para felicitarle por su victoria, es todo lo que sabemos pero también, todo lo contrario que fueron sus antecesores y que representan los partidos tradicionales. El fanático ultraconservador Bolsonaro no es corrupto ni cómplice de corruptos, es bruto pero transparente, no responde a partidos podridos en el poder, odia el desfalco del Estado en nombre del pueblo que está cansado de ver cómo matan a sus hijos, madres, padres, hermanos y abuelos (más de sesenta mil muertes violentas por año) mientras sus gobernantes se cruzan de brazos y engordan sus carteras con el saqueo de Petrobras y de todo lo que reluzcan en su camino del saqueo institucional. El Bolsonaro que dice claramente que no le gusta la Constitución de Brasil (lo mismo pregonaba Hugo Chávez) promete salir de la recesión, imponer el orden, la paz y el trabajo que hoy no tienen millones de brasileños. Por todo esto, porque pesó más en la balanza de los votantes la imagen de honestidad y eficacia (incluida la económica) que la barbarie de su retórica (y convicciones) lo votaron.

Jair Bolsonaro, de 63 años, supo exprimir su condición de víctima de un atentado a cuchilladas cuando se suponía que el salvaje era él. Se escurrió, con la excusa de la salud, de los imperativos y tradicionales debates de televisión. Aprovechó ese tiempo para conceder su primera entrevista a otro canal y arrebatarle la audiencia a la todopoderosa O´Globo y le hizo la competencia en la TV Record del obispo evangélico Edir Macedoi, con una entrevista en directo durante su «convalecencia». Bolsonaro, en definitiva, hizo todo lo que tenía que hacer para ganar. Sabía de sus debilidades dialécticas frente a un adversario y supo guardar silencio en la recta final cuando la tendencia amagó, tímidamente, con revertir la intención de voto.

Fernando Hadad, con su honroso 44 por ciento largo, nunca le hubiera podido hacer sombra. El elegido de Lula fue devorado, como Saturno con sus hijos, por la corrupción de su partido y soberbia del preso que un día y durante ocho años, enamoró al mundo. Pero el tiempo demostró que la magia de Lula y del PT era una estafa y 58 millones de brasileños, incluidos blancos, negros (ver el video de Felipe Neto, con 27 millones de seguidores), mujeres, evangélicos y católicos, se fueron, a las urnas, en busca de otro mesías y... lo encontraron. Se llama Jair Bolsonaro, pertenece al Partido Social Liberal y promete. «Cumpliremos la misión la rescatar nuestro Brasil».