El cierre del reactor norcoreano y la paz, objetivo de la cumbre Trump-Kim

Arranca hoy en Hanoi su segundo encuentro para desbloquear el desarme nuclear de Pyongyang

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Desmantelar el reactor nuclear de Yongbyon con unos plazos concretos a cambio del levantamiento de las sanciones económicas y suscribir un acuerdo de paz que ponga fin, oficialmente, a la guerra de Corea, que acabó hace casi siete décadas solo con un armisticio. En dicho orden, esos son los objetivos máximos y mínimos de la cumbre que celebran hoy y mañana en Vietnam el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un.

Tras llegar ayer a Hanoi, el primero a bordo de su Air Force One y el segundo en un tren blindado que cruzó toda China en dos días y medio, ambos cenarán juntos esta noche para preparar su encuentro de mañana. Aunque la agenda es secreta y todo está envuelto en el más absoluto misterio, Trump y Kim intentarán desbloquear el desarme nuclear de la península coreana, al que se comprometieron el año pasado durante su primera cumbre en Singapur. El problema, como en aquella ocasión, es lo que cada uno entiende por esa desnuclearización. Mientras la Casa Blanca exige un inventario completo del arsenal atómico norcoreano y su desmantelamiento verificable e irreversible, el régimen comunista de Pyongyang quiere la retirada del armamento táctico, como portaaviones, bombarderos y misiles nucleares, con el que EE.UU. le tiene a tiro desde sus bases en el Pacífico.

Acuerdo de paz y levantamiento de sanciones

«Corea del Norte está dispuesta a cerrar su reactor nuclear de Yongbyon, pero no solo por un acuerdo de paz, sino también por el levantamiento de sanciones», analizó ayer en un panel de expertos surcoreanos Kim Joon-hyung, profesor de la Universidad de Handong. En su opinión, «lo mínimo que podemos esperar de la cumbre es fijar los puntos de consenso: visita de inspectores, oficinas de contacto entre ambos países y el fin de la guerra. Lo máximo sería la clausura de Yongbyon y, mucho más, con plazos». Como la anulación de las sanciones parece complicada, Kim Kwang-gil, representante de un comité presidencial surcoreano de cooperación económica con el Norte, sugirió la posibilidad de «ciertas exenciones, por ejemplo por razones humanitarias, para ganarse la confianza del régimen reabriendo proyectos conjuntos como el complejo turístico del monte Kumgang y el polígono industrial de Kaesong».

De igual modo, la complejidad de un tratado para poner fin oficialmente a la guerra de Corea, que exigiría la aprobación del Congreso estadounidense y hasta la firma de China, podría ser salvada por un acuerdo de paz que el presidente Trump firmaría con una orden ejecutiva. A partir de ahí, se restablecerían las relaciones diplomáticas y empezaría la cooperación económica que Trump le ha prometido a Kim si renuncia a sus amenazas nucleares.

Con el ejemplo del desarrollo que el capitalismo ha traído a Vietnam, que también libró una guerra sangrienta con EE.UU., la Casa Blanca quiere convencer al régimen comunista de los beneficios de la paz. En Hanoi, que se ha engalanado con banderas de los tres países y carteles de la cumbre, sus habitantes saludaron ayer la llegada de ambos dirigentes. En la barrera policial ante el Hotel Meliá, donde se aloja Kim Jong-un, Linh Le, una empleada de banca de 39 años, se congratulaba de que «la guerra es el pasado. Vietnam puede ayudar a logar la paz entre EE.UU. y Corea del Norte».