Chirac, cómete esa
Blair, Chirac y sus esposas - ABC

Chirac, cómete esa

Sebastian Coe publica sus memorias y narra un enfrentamiento nada deportivo entre el presidente francés y la esposa de Tony Blair

ÁLVARO SOTO
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Ya se sabe que la elección de una ciudad como sede de los Juegos Olímpicos no es precisamente el colmo del 'fair play'. La compra de votos, a cambio de dinero y de otros favores menos confesables, ha sido moneda corriente en casi todas las carreras olímpicas. Pero la disputa de 2005 en busca de los Juegos de 2012, que enfrentó a tres capitales europeas de primera línea (Londres, París y Madrid), parece que superó cualquier límite. Sebastian Coe, presidente del Comité Organizador de los últimos Juegos, acaba de publicar sus memorias, repletas de episodios sabrosos. El más chusco de ellos, sin duda, fue el enfrentamiento barriobajero entre todo un presidente de Francia, Jacques Chirac, y toda una mujer de primer ministro británico, la esposa de Tony Blair, Cherie.

Cuenta Coe que el 6 de julio, en Singapur, la delegación británica estaba haciendo el último esfuerzo para llevarse los Juegos. David Beckham sacaba a pasear todos sus encantos, el propio Coe saludaba a diestro y siniestro y Tony Blair se dedicada, literalmente, a "estrechar manos". Lo mismo hacían los franceses. Dos colosos y un mismo objetivo. Además, la temperatura entre ambas delegaciones estaba muy alta, sobre todo, porque tres días antes, en una cumbre de la OTAN, alguien había grabado una conversación entre Chirac y el entonces canciller alemán, Gerard Schröeder. En esa charla, Chirac compartía indiscreciones con Schröeder. Especialmente, su mala opinión sobre los británicos: "No se puede confiar en una gente que cocina tan mal como estos. Después de Finlandia, es la peor cocina del mundo".

El tiempo no ha revelado si los finlandeses tomaron alguna represalia contra Francia por un juicio tan severo sobre su gastronomía, pero sí se sabe ahora que los comentarios de Chirac le supieron a los inquilinos del 10 de Downing Street a cuerno quemado, cualquiera que sea el sabor de los cuernos quemados. "En Singapur, no quiero ver a ese tío en ningún momento", parece que dijo Blair, en referencia a Chirac. Y Coe relata que se pasó varias horas intentando que los dos mandatarios no se cruzasen por el edificio del Comité Olímpico en la ciudad asiática. Pero según parece, en un descuido del atleta ocurrió lo que nadie quería que ocurriera. "A la velocidad de un misil", explica Coe, Cherie Blair se escapó de la delegación británica buscando al presidente francés. El breve diálogo que se reproduce a continuación es literal.

- "Me parece que has dicho cosas bastante feas sobre nuestra comida", le dijo Cherie a Jacques.

- "Madame Blair, usted no debe creer todo lo que lee", respondió Chirac.

- "No lo he leído. Lo he visto en televisión", zanjó Cherie.

Y tras esta respuesta, Coe dice que Chirac se dio la vuelta y abandonó la escena, mientras Cherie seguía farfullando en busca de más batalla. "Cuando mi mujer dice algo, es que dice algo", culminó Tony Blair, el que sin duda, mejor conoce el percal.

Después de que las memorias de Coe hayan visto la luz, y con los Juegos de Londres ya celebrados, muchos británicos han querido ver a Cherie como la heroína que consiguió las Olimpiadas para la ciudad del Big Ben. Su actuación, aseguran, espoleó al grupo británico y hundió la moral de los franceses. Pero más allá de interpretaciones patrióticas, la escena demuestra que nadie, por muy líder mundial que sea, está exento de caer en el ridículo.