Una imagen distribuida por INTERPOL que muestra a Meng Hongwei, presidente chino de Interpol
Una imagen distribuida por INTERPOL que muestra a Meng Hongwei, presidente chino de Interpol - EFE

El exjefe de Interpol, acusado de corrupción en China

Investigado por soborno, es la última presa de la purga del presidente Xi Jinping

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Un emoticono con un cuchillo fue el último y preocupante mensaje que, hace ya dos semanas, recibió en su móvil la esposa del todavía entonces presidente de la Interpol, el chino Meng Hongwei. Desaparecido tras volar de Lyon, sede de este organismo internacional, a Pekín, Meng está siendo investigado por aceptar sobornos, según anunció ayer en un comunicado el Minsterio de Seguridad Pública de China.

Tras su silencio inicial, cuando la mujer de Meng denunció que no sabía nada de él y la Interpol pidió explicaciones, el autoritario régimen de Pekín está dosificando la información como si fuera una serie de espías. Tras admitir el domingo que estaba detenido por «grave violación de la legislación estatal», las autoridades chinas lo acusan ahora de corrupción, el motivo más recurrente para las purgas políticas dentro del Partido Comunista.

«La investigación a Meng es correcta y oportuna. Los miembros del Partido y altos cuadros deberían ser honestos, mostrar autodisciplina y cumplir la ley», aseguró con el tono propagandístido habitual la declaración oficial, que no olvidó alabar la «determinación del presidente Xi Jinping contra la corrupción». Desde que este tomó el poder entre 2012 y 2013, su campaña anticorrupción ha castigado a más de un millón y medio de cuadros del Partido Comunista, entre los que destacan 35 altos cargos del Comité Central y numerosos rivales políticos que Xi se ha quitado de en medio.

Cazado en esta purga, a Meng Hongwei no lo ha salvado ni su cargo internacional ni el escándalo de su detención, que en realidad es un «secuestro de Estado» porque no se sabe dónde está ni tiene acceso a un abogado. En manos de la nueva y todopoderosa Comisión Nacional de Supervisión, que puede detener a los sospechosos de corrupción hasta seis meses sin notificárselo a un juez, ya ha enviado su dimisión a la Interpol… o se la han hecho mandar.

Para Meng, que tiene 64 años y cuatro décadas de experiencia policial en China, comienza un calvario por el que han pasado otros altos cargos del régimen chino. Entre ellos destaca su antiguo superior como ministro de Seguridad Pública, Zhou Yongkang, condenado por conspirar contra el presidente Xi Jinping.

La captura de Meng, que ha sorprendido a todo el mundo, podría estar relacionada con él. Aunque todavía no se saben los motivos, deben de ser muy graves para que el régimen se haya visto obligado a empañar su imagen deteniendo al hombre que tanto le costó colocar al frente de la Interpol en 2016. En medio de fuertes críticas internacionales por proceder de una dictadura, un periódico del régimen publicó entonces que el nombramiento de Meng serviría para «arrojar luz sobre el sistema judicial chino». Y así ha sido, pero por los motivos menos deseados.