Oficiales de Policía, ante la sala del teatro moscovita asaltado donde se representaba la función «Noroeste». AP

Chechenos armados asaltan un teatro en Moscú y secuestran a 700 espectadores

Los «kamikazes de la División 29» amenazan con volar el edificio si «no se para la guerra en Chechenia». Unidades de elite del Ejército y del Ministerio de Interior rodearon la sala después de que los asaltantes, entre 40 y 50, dejaran salir a los niños y a los musulmanes

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MOSCU. Todo transcurría con aparente normalidad en una más de las representaciones del musical «Noroeste» en la Sala de Teatro de la calle Dubrovka, una antigua fábrica del sureste de Moscú reconvertida con éxito en sala de espectáculo. En el interior, más de un millar de espectadores contemplaban la obra de moda en la capital rusa, con un centenar largo de actores y empleados del teatro en escena y entre bastidores, cuando un grupo de entre 40 y 50 individuos armados irrumpieron en el patio de butacas.

Tras pedir calma a los espectadores, permitieron la salida de un grupo de niños y de las personas de religión musulmana -según una de las cadenas de televisión rusa-, e incluso accedieron a que los espectadores con teléfonos móviles se pusieran en contacto con sus familiares para intentar tranquilizarles.

Esta «gentileza» fue aprovechada por una periodista de la agencia local Itar-Tass, que asistía a la representación junto con su marido, para comunicarse con su redacción e informar de lo que estaba sucediendo. Según la periodista, varios de los asaltantes realizaron disparos al aire de intimidación. Igualmente, dijo que tenían aspecto caucasiano, lo que rápidamente se asoció con el conflicto checheno que enfrenta a las autoridades de Moscú con los independentistas de esa república musulmana del Cáucaso.

«Putin y su banda»

Todos los asaltantes estaban fuertemente armados con pistolas y armas automáticas, algunos llevaban cinturones repletos de granadas de mano y otros, lo que parecían ser explosivos. Uno de ellos, que dijo ser el portavoz de los «kamikazes de la División 29», anunció a la Policía por medio de un móvil que el teatro había sido minado con explosivos y que saltaría por los aires si las fuerzas de seguridad intentaban su asalto. Aseguró que por cada asaltante muerto asesinarían a diez rehenes, y terminó su mensaje con estas palabras: «Si Putin y su banda quieren salvar la vida de sus ciudadanos, que detengan la guerra y retiren a sus tropas de Chechenia».

Simultáneamente, Movladi Udugov, conocido ideólogo de los independentistas chechenos y jefe del servicio de información de la guerrilla separatista, asumió la responsabilidad del asalto en una llamada a Radio Eco de Moscú, informó Efe. En otra llamada al mando de las fuerzas aéreas rusas en el Cáucaso, Udugov dijo que el asalto era obra de un comando de «kamikazes» bajo el mando del comandante Arbi Barayev, sobrino de un jefe de guerra muerto en combate contra el Ejército ruso. El sitio en internet de los independentistas, «kavkaz.org», asumió también la autoría del asalto.

Unas dos horas después, el comando liberó a un nuevo y numeroso grupo de rehenes: la mayoría ciudadanos de la República de Georgia, a la que Moscú acusa de acoger en su territorio bases de los rebeldes chechenos, y algunos ciudadanos extranjeros.

Tres alemanes y tres británicos

No todos, sin embargo, ya que un portavoz del Ministerio alemán de Exteriores señaló esta madrugada que tres de los rehenes que siguen retenidos son ciudadanos alemanes, uno de ellos, funcionario de dicho Ministerio. El «Foreign Office» confirmaba también que tres británicos están entre los secuestrados. A las tres de esta madrugada se ignoraba si entre los rehenes hay algún español.

Los servicios de seguridad que acordonaron la zona con dos blindados del Ministerio de Interior y dos centenares de hombres con armamento pesado, informaron de que habían entrado en contacto con los terroristas y aseguraron que no entrarían al asalto.

Gabinete de crisis en el Kremlin

El Kremlin anunció que el presidente ruso, Vladimir Putin, «fue informado inmediatamente de la ocupación de la sala de conciertos», adonde se desplazó con urgencia el grupo antiterrorista «Alfa», del Ejército ruso. Le siguieron minutos después los temidos «omones», las fuerzas de choque de Interior, y las unidades especiales de los «spetznaz», los servicios secretos rusos.

Putin canceló un gira por Alemania y Portugal y convocó con rapidez un gabinete de crisis en el Kremlin, con la participación del jefe del Gobierno, Mijail Kasianov; el ministro de Interior, Boris Grizlov; el jefe de Seguridad, Nikolai Patrushev, y el jefe del gabinete de Presidencia, Alexander Voloshin. Patrushev, jefe de los Servicios Secretos Federales, FSB (heredero del antiguo KGB), tomó el mando de las operaciones por orden del presidente Putin.

Pocos minutos después de conocerse el asalto, las autoridades habían anunciado el acuartelamiento en Moscú de todos los agentes de Interior y de Seguridad y el alcalde de la ciudad se desplazó al lugar de los hechos.

El FSB, que ordenó el despliegue inmediato de dos blindados con un centenar de hombres acompañando a cada uno de ellos, ordenó evacuar a los vecinos de las casas cercanas, casi un centenar, y estableció un dispositivo de seguridad que incluía el corte de tráfico en varias manzanas a la redonda y el envío de numerosas ambulancias.

Lanzamiento de granadas

Algunos testimonios hablaban de un fuerte intercambio de disparos y el lanzamiento de algunas granadas desde el interior del teatro contra el despliegue de seguridad. Corrió el rumor de que las tropas de elite habían comenzado a tomar posiciones dentro del teatro, lo que fue desmentido oficialmente.

El Kremlin no olvida que algún episodio parecido, como una toma masiva de rehenes en un hospital, terminó hace siete años con un baño de sangre. La novedad es que, por primera vez, un asalto de este tipo se produce en Moscú y no en el Cáucaso, como fue habitual desde 1994 tras el comienzo de la primera guerra de Chechenia.

Claramente, el Gobierno ruso trataba de negociar anoche, prueba de ello fue el intento fallido de un diputado checheno de la Duma, el Parlamento ruso, que terminó sin resultados tras conversar durante casi una hora con los asaltantes dentro del inmueble.

El «mufti» pro ruso de Chechenia, Ahmed Chamaïe, la máxima autoridad religiosa, envió desde Grozni, su capital, una súplica a los secuestradores para que liberasen a sus rehenes. Surtió el mismo efecto que la mediación del diputado, es decir, ninguno.

Dentro del teatro reinaba el pánico entre los rehenes, a juzgar por las llamadas efectuadas por algunos de ellos. Varios de los actores que pudieron esconderse en los camerinos confirmaron a las autoridades a través de sus teléfonos móviles que los asaltantes estaban minando el edificio para evitar un posible asalto policial y que sus reivindicaciones no eran otras que «parar la guerra» de Chechenia.

Según estimaciones de la Policía, los hombres armados tenían en su poder a unas 700 personas a las tres de esta madrugada. El productor del musical «Noroeste», Alexander Zikalo, aseguró en la televisión local de «al menos mil personas», ya que las entradas se agotaron y la sala de conciertos puede albergar, según sus declaraciones, a 1.163 espectadores. Además, en la obra participaban unos 135 actores, incluidos 20 niños, que fueron liberados poco después del asalto.