Hugo Chávez, vestido de militar, saluda a sus seguidores ayer en Caracas. Epa

Chávez desoye el masivo seguimiento de la protesta y amenaza con radicalizar su «revolución»

Venezuela se paralizó ayer durante la huelga de doce horas convocada por los empresarios y apoyada por los sindicatos y los principales sectores del país, que fue seguida por el 85 por ciento de los ciudadanos, según los organizadores. A pesar del éxito de la protesta, el presidente venezolano, Hugo Chávez, insistió en que su «revolución» no tiene marcha atrás y amenazó con «apretar las tuercas».

CARACAS. ABC
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Las calles de Caracas y de las principales ciudades venezolanas, habitualmente atestadas de coches y peatones, permanecieron ayer solitarias con pocos transeúntes y el transporte público casi paralizado, mientras que la mayoría de los comercios, colegios e institutos no abrieron sus puertas, como si fuera un domingo. Además, varios vuelos nacionales fueron suspendidos, porque un alto número de empleados no llegaron a sus puestos de trabajo.

Los venezolanos se sumaron así a la protesta contra Chávez convocada inicialmente por los empresarios y apoyada por los sindicatos y los principales sectores sociales del país, que reclaman una democracia más tolerante. Sólo la empresa Petróleos de Venezuela (PDVSA), que produce el 70 por ciento de los ingresos del país, informó de que sus instalaciones funcionaron con normalidad.

VESTIDO DE MILITAR

A pesar del alto seguimiento de la huelga -un 85 por ciento de los venezolanos, según los empresarios-, la respuesta de Chávez ha consistido en amenazar con radicalizar aún más su revolución. «Que se olviden las cúpulas económicas, políticas y «sindicaleras», que nosotros no vamos a dar un paso atrás», afirmó Chávez de forma vehemente y vestido de militar en un acto celebrado en Caracas por el LXXXI aniversario de la Fuerza Aérea.

El presidente de la patronal Fedecámaras, Pedro Carmona, convocante de la huelga, destacó que el éxito del paro de doce horas, «el más contundente en la historia de Venezuela», demuestra la «inmensa insatisfacción de la sociedad civil» y manifestó su disposición a «dialogar» con el Ejecutivo. Sin embargo, Chávez respondió que «jamás voy a ir a una mesa de diálogo para traicionar a un pueblo mil veces traicionado» y amenazó con «llevar ante la ley» a los sectores críticos con su gobierno.

Según el dirigente venezolano, anular por decreto las 49 leyes que promulgó -también por decreto- el pasado día 13, y que han motivado la protesta, sería «un golpe de Estado». «Hay que empezar a analizar la Constitución y las leyes y apretar las tuercas a todos aquellos sectores que han atropellado y saqueado Venezuela durante años, usando el sacrosanto nombre de la democracia, porque se están poniendo al margen de la Constitución», afirmó.

Chávez aseguró, dirigiéndose al fiscal general y a otras altas instituciones del Estado en el acto militar, que «a partir de hoy me declaro en campaña para llevar ante la ley a los que se están poniendo fuera de la ley».

El mandatario ex golpista calificó la protesta de ayer, la primera que convocan los empresarios en más de cuatro décadas de democracia, de «chantaje inmoral de la oligarquía» y de «paro egoísta». También intentó restar importancia al masivo seguimiento de la huelga diciendo que «hay mucha gente en la playa, disfrutando del puente», a pesar de que ayer no fue festivo en toda Venezuela, e insinuando que muchos trabajadores fueron amenazados por sus patronos con despidos si acudían a trabajar. «¿Cuál paro?», llegó a preguntarse Chávez durante un discurso ante sus simpatizantes. «Si los oligarcas quieren parar algo van a tener que tomar Viagra», afirmó.

Chávez también tuvo que interrumpir su discurso durante el acto militar que presidía en el aeropuerto de La Carlota, al irrumpir un estruendo de cacerolas procedente de los edificios cercanos, habitados por personas de clase media: «Es muy fácil esconderse en un balcón con una cacerola, que salgan a la calle», dijo y criticó que muchos ciudadanos pongan un disco con ruido de cacerolas grabado, que se comercializa en Venezuela y se ha convertido en un popular símbolo de protesta.

CACEROLADAS DE PROTESTA

Desde los edificios saludaron a la caravana presidencial con una estruendosa cacerolada. «Con ese ruido lo que hacen es defender el individualismo. A lo mejor muchos están acostados tomando buen whisky y comiendo bien, pero vayan a la plaza Caracas», dijo Chávez en relación al lugar donde se concentraban sus seguidores.

El motivo de la la protesta, a la que se ha sumado la mayor central obrera del país, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), fue la promulgación de un paquete de leyes, aprobadas por Chávez por poderes especiales y sin la intervención del Legislativo, que supuestamente atentan contra la propiedad y la inversión privadas. Los empresarios piden que, al menos, se modifiquen o retiren las dos más polémicas: la de Tierras (que incluye la revisión de los títulos de propiedad de las fincas y su adjudicación a campesinos) y la de Hidrocarburos. El paro de ayer es, según los analistas, el mayor desafío político que afronta Chávez en su gobierno. Hoy el presidente venezolano se reúne con Fidel Castro en isla Margarita, donde se celebra una cumbre de líderes caribeños.