Carmen de Carlos - EN FOCO

«Chancho en el barro»

Maduro tiene la fuerza de las armas y carece de escrúpulos para matar, torturar y «hambrear» a la población

Carmen de Carlos
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El 23F de Nicolás Maduro lo ganó, de momento, Maduro. El golpista que afronta el contragolpe de la resistencia que encabeza Juan Guaidó, no está dispuesto a rendirse a la primera de cambio y mucho menos, si el cambio se hace por la vía pacífica. En ese terreno el régimen venezolano se mueve como «chancho en el barro». Tiene la fuerza de las armas y carece de escrúpulos para matar, torturar y «hambrear» a la población.

El rostro de la última dictadura en Sudamérica lleva escrito el nombre de Nicolás Maduro pero él, por sí mismo, es poca cosa. La llave inmediata para liberar a Venezuela la conoce el mundo y pasa por abrir, con garantías, la puerta de la impunidad a las Fuerzas Armadas o levantar la veda a la intervención con un ejército extranjero de aliados.

«La tropa» no está con Maduro por amor. Les une el espanto y el miedo a no tener futuro o tenerlo entre rejas pese a las promesas de amnistía de Guaidó. Y también, el terror a que los mercenarios del Gobierno y los altos oficiales, cómplices del latrocinio de Venezuela, les pongan contra el paredón o en una de las mazmorras donde encierran a los militares díscolos.

El caso del general Raúl Baduel, exsalvador de Hugo Chávez convertido en crítico, está presente en sus temores. Baduel permanece incomunicado en «La tumba», como se conocen las celdas de los sótanos del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia), desde el 2009.

En la Venezuela terminal de hoy todas las señales importan y las que vienen de fuera más. «El mecanismo de Montevideo» con la participación de un país como España y aquellos de la Unión Europea que siguen a Federica Mogherini permiten, una vez más, que se prolongue la agonía y muerte de los venezolanos.

El tiempo perjudica a las víctimas y beneficia a Maduro que, con sus sacudidas de ahogado sigue matando a su gente. Hoy estará contento pero hasta él, por muy cómodo que se sienta en el barro, sabe que esta guerra, aunque sea la del cerdo, la tiene perdida.

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