Las portadas de los periódicos este lunes en El Salvador, tras la victoria de Nayib Bukele
Las portadas de los periódicos este lunes en El Salvador, tras la victoria de Nayib Bukele - EFE

La cercanía a Maduro y la mala gestión económica castigan al FMLN en El Salvador

La economía del país centroamericano ha registrado los peores datos de la región en los últimos años

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La creciente impopularidad del régimen de Maduro en toda Latinoamérica y la inviabilidad misma de las recetas chavistas aplicadas durante los últimos diez años en El Salvador por la antigua guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) explican en gran medida los resultados de las elecciones presidenciales de este domingo.

El triunfo de Nayib Bukele también tiene que ver con el rechazo al bipartidismo –y la imagen de corrupción generada por este– que El Salvador han conocido desde el fin de la guerra civil en 1992, de manera que por cansancio hacia fórmulas tradicionales los salvadoreños en realidad se han echado en brazos de otro populismo, más impredecible que el del FMLN.

El gran mérito de Bukele es haber logrado aparecer como un «outsider» a pesar de que fue alcalde de San Salvador bajo las siglas del FMLN y de que rigió aplicando muchas de las recetas bolivarianas. Además ha sido candidato de GANA, un partido escindido de la derecha tradicional (ARENA) y especialmente manchado de corrupción.

Bukele tiene un especial reto en la economía (la seguridad, que también afecta a esta, es igualmente un serio problema social), pero su populismo, aunque menos doctrinario que el del bolivarianismo u otros movimientos asociados, no es el mejor consejero para reactivar el dinamismo económico salvadoreño.

Peores indicadores

El Salvador ha tenido los últimos años los peores indicadores económicos de Centroamérica (descontando Belice). La grave crisis política en Nicaragua puso a este último país a la cola en 2018 –una situación que arrastrará en 2019–, pero en el caso de El Salvador la deficiente gestión económica se ha extendido a buena parte del mandato del FMLN (2009-2019). Frente al 3,8% que el PIB salvadoreño creció de promedio los tres años previos a la crisis mundial de 2008, bajo gobiernos de ARENA, el crecimiento económico rondó solo el 2% desde la llegada del FMLN al poder. Su mejor resultado fue un 2,6% en 2016. Para 2019, el FMI pronostica un 2,3%, frente al 6,8% en Panamá, el 3,6% de Honduras, el 3,4% de Guatemala y el 3,3% de Costa Rica.

Al margen de la negativa comparación con los países vecinos, podría decirse que un crecimiento del 2,3% da idea, en cualquier caso, de una cierta actividad económica, pero ese dato es equívoco. Si la economía salvadoreña crece es por las remesas que envían los emigrantes, especialmente desde Estados Unidos. Como quedó apuntado en un artículo previo, de los 2,3 puntos de expansión económica en 2017, 2 puntos se debieron a las remesas.

Clima de incertidumbre política

Durante el Gobierno del FMLN El Salvador ha adolecido de falta de inversión privada. De acuerdo con encuestas de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), eso se ha debido principalmente a un clima de incertidumbre política, de inseguridad jurídica y de ataque a la institucionalidad democrática. Otros factores han sido la criminalidad –homicidios y extorsiones–, un inadecuado sistema fiscal y una excesiva burocracia. El Salvador es también el último país centroamericano en cuanto a inversión extranjera directa, recibiendo solo el 3% de la que llega a la región (el 43% va a Panamá y el 24% a Costa Rica; a Honduras, país más similar a El Salvador, llega el 11%).

LA ANEP precisa que «la economía salvadoreña tiene un problema estructural para crecer alto y sostenido, que se observa desde 1996», cuando abandonó crecimientos del 6% ocurridos tras cerrarse la guerra civil. Por tanto, no toda la gestión de ARENA fue positiva en términos económico, pero las estadísticas sí constatan un deterioro con los gobiernos del FMLN.

Así, por ejemplo, durante la era del FMLN, después de un ejercicio especialmente bueno en 2011, ha habido una reducción de las exportaciones tradicionales y un estancamiento de las no tradicionales. También en los últimos años ha habido una ralentización en el incremento de la recaudación del IVA y del impuesto sobre la renta. El único gran indicador en el que El Salvador se desempeña mejor que la mayoría de sus vecinos es en el de la inflación, que en 2018 fue del 1,4%.

Comparado con los datos de 2006, El Salvador ha perdido 20 posiciones en el Índice de Percepción de la Corrupción, 35 en el de Grado de Libertad Económica y 48 en el Índice de Competitividad.

* El autor es director del centro de estudios estratégicos Global Affairs de la Universidad de Navarra