Bomberos y personal de rescate evacuan a uno de los heridos en las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001
Bomberos y personal de rescate evacuan a uno de los heridos en las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001 - Reuters

Cerca de 10.000 personas sufren cáncer por la exposición a las toxinas por los ataques del 11-S

Cada mes se registran entre 50 y 80 nuevos casos, en una situación que podría empeorar con el paso de los años

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Todos los 11 de septiembre, en Nueva York -y en el resto de EE.UU.- se renuevan los mensajes sobre el mayor atentado de la historia del país. «Nunca olvidaremos», rezan las banderas y carteles en recuerdo de aquella tragedia. El propio presidente de EE.UU., Donald Trump, usó hoy la fórmula para acordarse del episodio en su 18º aniversario, un día en el que conmemoró a las víctimas en un discurso en el Pentágono.

Quienes recuerdan todos los días aquella mañana soleada de final del verano son los familiares de quienes murieron en los ataques. Pero también lo hacen otras víctimas, las decenas de miles de personas que sufren enfermedades relacionadas con el ataque y que hacen que la factura del ataque a las Torres Gemelas crezca cada año.

Se trata de bomberos, policías, personal de emergencia e incluso vecinos que vivían, trabajan o estudiaban en la zona y se vieron expuestos al polvo tóxico que dejaron los rascacielos tras su derrumbe. El Sur de Manhattan se convirtió en una escombrera, alfombrado por una capa de polvo de metal que aspiraron durante semanas y meses mientras buscaban restos de supervivientes, recuperaban el lugar o, simplemente, trataban de rehacer sus vidas.

Cerca de 40.000 personas sufren enfermedades relacionadas con el 11-S, muchas de ellas dolencias respiratorias y problemas mentales, según los datos del World Trade Center Health Program del complejo hospitalario Mount Sinai. Entre ellos hay cerca de diez mil personas con distintos tipos de cánceres relacionados con la exposición a toxinas. Cada mes se registran entre 50 y 80 nuevos casos, en una situación que podría empeorar con el paso de los años.

Uno de los mayores temores es la aparición de más casos de cáncer de pulmón. El mesotelioma, por ejemplo, que resulta de la inhalación de asbesto puede tardar entre treinta y cuarenta años en manifestarse. Otros cánceres de pulmón no aparecen hasta veinte años después del contacto con el polvo tóxico. Hasta el momento, se han tratado cerca de 700 casos de cáncer de pulmón entre personas expuestas a la escombrera del 11-S, pero los especialistas creen que el número crecerá con el paso de los años.

Falta de apoyo

Muchos de los afectados han tenido que luchar para que se les tuviera en cuenta. A pesar de los alardes de memoria y patriotismo cuando llegan los aniversarios, los afectados -muchos de ellos héroes anónimos que acudieron inmediatamente al lugar de la tragedia y que trabajaron en el polvo tóxico a pesar de los riesgos- no siempre han contado con el apoyo de las autoridades para el tratamiento de las enfermedades.

El último capítulo de esta lucha fue el pasado junio, cuando la asociación del personal de emergencia que acudió a las Torres Gemelas peleó para que se ampliara el Fondo de Compensación a las Víctimas del 11 de Septiembre. El fondo lo creó el Congreso de EE.UU. para atender a los afectados y se cerró en 2003. Cuando se empezó a sentir el aluvión de enfermedades relacionadas con el polvo de las torres, se recuperó para compensar a los voluntarios y a quienes trabajaban, vivían o estudiaban en la zona afectada, en el Sur de Manhattan.

En 2015, el fondo se extendió cinco años, hasta diciembre de 2020, pero el pasado febrero sus gestores reconocieron que las peticiones para el tratamiento de enfermedades forzaban a que se quedaran sin dinero mucho antes de lo previsto.

El Congreso de EE.UU. puso obstáculos para seguir financiando el fondo. Algunos legisladores aseguraban que era algo de lo que se debería ocupar el estado de Nueva York. Los representantes de los afectados pelearon en agosto para conseguir una nueva extensión. Entre ellos estaba Luis Álvarez, un detective de policía retirado que tuvo exposición a las toxinas, y que en el momento de hablar a la comisión legislativa encargada de la ampliación del fondo llevaba 68 rondas de quimioterapia. «No me voy a quedar parado mientras que a mis amigos con cáncer por el 11-S, como yo, se les valora menos que a nadie», espetó a los congresistas.

Álvarez y el resto de representantes estuvieron acompañados por el popular cómico Jon Stewart, que acusó al Congreso de «ignorar» a las personas que acudieron a rescatar a sus compatriotas. «Ningún estadounidense debería enfrentarse a la ruina financiera por una cuestión de salud», dijo sobre los altos costos que supone la sanidad, sobre todo en enfermedades como el cáncer. «Sin duda, los que fueron al 11-S no tendrían que elegir entre vivir o tener un lugar para vivir».

Stewart avergonzó a los legisladores por la lentitud en aprobar una extensión del fono. «Ellos fueron allá en cinco segundos, e hicieron su trabajo», dijo del personal de emergencia. «Con coraje, tenacidad, humildad. Dieciocho años después, ustedes tienen que hacer el suyo»; reclamó a los legisladores.

Finalmente, el Congreso extendió el fondo hasta octubre de 2089. Un periodo en el que se espera que el goteo de cáncer haga imposible de olvidar la tragedia de las Torres Gemelas. Álvarez falleció a finales de junio, pocos días después de exigir al Congreso que compensara a víctimas como él.