Carmen de Carlos

Michelle Bachelet y Venezuela

Apuntaló en sus gobiernos, con su conducta, a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro y ahora, en sus tres días en Caracas en nombre de la ONU volvió a darle oxígeno

Carmen de Carlos
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Hay fenómenos difíciles de explicar y uno de ellos, desde hace tiempo, es el de Michelle Bachelet. Primera ministra de Defensa en la historia de Chile, dos veces presidenta y actual Alta Comisionada de Naciones Unidas, es una superviviente a los tropiezos de su vida (personal y política). Bachelet fue un desastre en la gestión del terremoto/maremoto del 2010. Hasta llegó a trasmitir un mensaje de tranquilidad a la población negando la posibilidad de un tsunami que ya se había producido y seguía arrasando la costa del Pacífico. Murieron 525 personas y más de dos millones de chilenos sufrieron las consecuencias. Aún así, según las encuestadoras chilenas, abandonó su primer Gobierno con índices de popularidad descomunales que algunas elevaron hasta el 80 por ciento.

Detenida durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), junto a Angéla Jería, su madre y mujer de una pieza, Bachelet, ya presidenta, guardaba silencio cuando coincidía con uno de sus torturadores en el ascensor de su casa. Era su vecino. Exiliada en la Alemania oriental, la actual defensora de los derechos humanos en la ONU creyó durante años que su gran amor, Jaime López, había sido víctima de la temible DINA cuando, en realidad, fue su colaborador.

De psicología compleja, durante la primera campaña de su presidencia, en la isla de Chiloé, se sentó a comer a puerta cerrada con sus colaboradores en un restaurante (el único que había) mientras el conductor del autobús y tres periodistas, aguardaban en el exterior rodeados de hierba hasta el horizonte. La idea de que alguien que no era de los suyos se le acercara o le dirigiera la palabra la descomponía.

Brochazos de una mujer con una vida extraña y dolorosa, el cuadro final de su historia lo sigue pintando con trazos, por mano propia, oscuros. Apuntaló en sus gobiernos, con su conducta, a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro y ahora, en sus tres días en Caracas en nombre de la ONU volvió a darle oxígeno, con su convocatoria al diálogo, a un régimen que, cada día que pasa, sin que pase nada, gana terreno en su afán de perpetuarse. A veces, la vida de los otros y la de Bachelet en particular, resulta muy difícil de justificar.

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