May da su discurso en Glasgow
May da su discurso en Glasgow - AFP

May carga contra la «obsesión por la independencia» del Gobierno escocés

Advierte al SNP que «la política no es un juego» y que defenderá la unidad del país

Corresponsal en LondresActualizado:

Theresa May ha ofrecido este viernes su primer discurso en Escocia desde que llegó al poder, con motivo del congreso de los tories escoceses, que se celebra en Glasgow. Fue una sentida defensa de la unidad del Reino Unido, en la que acusó al Gobierno separatista del SNP de estar «obsesionado con la independencia». Advirtió a Nicola Sturgeon, la premier escocesa, que «la política no es un juego» y le recordó que proteger la integridad del Reino Unido es una «prioridad personal» para ella.

La presencia de May en Escocia revestía un gran interés político, porque el Gobierno separatista del SNP está amenazando ya con demandar un segundo referéndum de independencia, pese a que en septiembre de 2014 perdió el anterior por diez puntos. Nicola Surgeon ha declarado varias veces que la nueva consulta es «altamente probable». Se escuda para justificarlo en que Escocia se está viendo arrastrada a un Brexit duro, que la dejará fuera del mercado único europeo, a pesar de que el 62% de los escoceses votaron por la permanencia.

El nuevo referéndum tendría que ser autorizado por Londres, como ocurrió con el anterior con el acuerdo que alcanzaron David Cameron y Alex Salmond. Pero tanto en su discurso como en una entrevista matinal con BBC Escocia, May eludió concretar si permitiría un nuevo referéndum de independencia. En su alocución en el congreso de su partido ni siquiera citó la amenaza de otra consulta, la espada de Damocles que pende ya sobre Gran Bretaña.

Para refutar el argumento de Sturgeon, May aseguró que «mientras el SNP aboga por mantener los lazos con Bruselas, nosotros queremos devolver las decisiones a manos de los escoceses». También ofreció el dato de que el mercado doméstico británico resulta a día de hoy cuatro veces mayor para las empresas escocesas que el de la UE, al que desdeñó como «el tercero, tras el doméstico y el del resto del mundo».

May defendió ardorosamente las ventajas de la unión entre Inglaterra, Gales, Irlanda del Norte y Escocia, a las que definió como «cuatro naciones, pero un único corazón y un único pueblo». Hablando de las bondades de la integridad del Reino Unido, dejó una frase que supone una gran incongruencia con el hecho de que abogue por salir del mercado único europeo, al que van el 41% de las exportaciones británicas: «Las duraderas fortalezas económicas [de la unión de Escocia e Inglaterra] son obvias. Nuestro mercado doméstico perfectamente integrado significa que no hay barreras al comercio ni fronteras». Esa misma ventaja es la que tenía el Reino Unido en la UE, pero May la soslaya para abogar por un Brexit duro, pretextando que el mundo es muy grande y asegurando que se abren inmensas oportunidades fuera de la UE. Un mantra de los últimos meses que repitió en Escocia.

En Glasgow advirtió que «estoy determinada a que salgamos de la UE como un único Reino Unido», atajando así la pretensión de Sturgeon de un traje a medida para Escocia que conserve su acceso al mercado único. Como un guiño, comentó que en las negociaciones con la UE tendrá presente los intereses de Escocia, pero añadió al segundo que también los de Inglaterra, Gales Irlanda del Norte.

Apelación sentimental

A diferencia del modo en que el Gobierno español aborda el pulso independentista catalán, el discurso de May fue sobre todo una apelación emocional a los lazos que unen a Escocia e Inglaterra, deteniéndose en varios ejemplos concretos. Recordó la cooperación de ingleses y escoceses en los días de la Revolución Industrial y que Fleming, un escocés, descubrió la penicilina en 1928 trabajando en un hospital de Londres. Incluso habló de Harry Potter, «que ha vendido 500 millones de libros y fue escrito en un café de Edimburgo por una escritora de Gloucestershire».

La alocución fue un ejercicio de nacionalismo británico, destacando datos como que «somos la quinta economía del mundo con solo el 1% de su población».

El Partido Conservador vive un gran momento en Escocia, tras el hundimiento del laborismo, que era hegemónico allí y se ha venido abajo tras cultivar un filonacionalismo que no ha servido para más que dar alas al SNP. May recordó que en las elecciones escocesas del año pasado los conservadores fueron segundos por primera vez en 25 años y superaron a los laboristas por vez primera en 60. Parte de ese éxito es la líder local tory, la formidable Ruth Davidson, un valor en alza, con un conservadurismo moderno y sin complejos. Risueña y valiente, es una cristiana devota que ha salido del armario y es lesbiana. En la campaña del referéndum de la UE, Davidson defendió la permanencia, batiéndose con su correligionario Boris Johnson en un espectacular debate televisado en el estadio de Wembley.